Por Carmen Gómez
En la newsletter de invierno compartí contigo el origen del MétodoCGV® y el manifiesto que sostiene mi manera de entender el cuerpo, el tacto y la escucha.
En primavera di un paso más y hablé de algo que considero esencial: cuando el cuerpo encuentra las condiciones adecuadas, algo empieza a cambiar.
Hoy, en otoño, quiero acercarte un poco más a mi manera de trabajar.
Quiero compartir contigo qué ocurre durante una sesión de MétodoCGV® y por qué, para mí, acompañar un cuerpo significa mucho más que aplicar unas determinadas maniobras.
Antes de tocar, necesito escuchar
Cada persona llega con una historia diferente.
A veces, esa historia se expresa a través de una tensión persistente, una molestia, una respiración contenida o una sensación de cansancio que cuesta explicar con palabras.
Otras veces, sencillamente, aparece la necesidad de parar.
Con los años he aprendido que el cuerpo no funciona como un conjunto de partes aisladas. Lo que sentimos en una zona puede estar relacionado con la manera en que otras partes se mueven, se adaptan o soportan determinadas cargas.
Por eso, mi mirada no se limita al lugar donde aparece una molestia. Necesito observar a la persona en su conjunto, escuchar sus sensaciones y comprender qué necesita en ese momento.
Para mí, una sesión no comienza con las manos. Comienza con la presencia.
Comienza con escuchar qué necesita la persona, conocer sus sensaciones, comprender qué espera de la sesión y establecer un espacio de confianza en el que pueda expresar sus límites y preferencias.
Porque no puedo acompañar aquello que no me he detenido a escuchar.
Las manos no imponen. Acompañan.
A lo largo de más de 35 años de experiencia, he aprendido que trabajar con el cuerpo requiere sensibilidad, conocimiento y capacidad de adaptación.
- No todos los cuerpos responden igual.
- No todas las tensiones tienen la misma historia.
- Y no todas las personas necesitan la misma presión, el mismo ritmo ni la misma forma de contacto.
En el MétodoCGV®, las manos no siguen una secuencia rígida que deba repetirse de manera idéntica.
El contacto se adapta a la persona, a sus necesidades y a la respuesta que va mostrando durante la sesión.
Observar, escuchar, ajustar y volver a escuchar.
Es un diálogo silencioso en el que la calidad de la presencia importa tanto como la técnica.
¿Qué ocurre cuando dejamos de exigir una respuesta?
Estamos acostumbrados a querer resultados rápidos.
Queremos que desaparezca la molestia, que se reduzca la tensión, que el cuerpo responda y que podamos continuar con nuestras obligaciones.
Pero el cuerpo no siempre sigue el ritmo que le imponemos.
A veces necesita tiempo. Otras veces necesita que dejemos de exigirle.
Cuando una persona se siente respetada, puede resultarle más fácil relajarse, percibir sus sensaciones y reconocer lo que necesita.
Durante una sesión pueden aparecer distintas experiencias: una sensación de descanso, una respiración más cómoda, una percepción diferente de la tensión o, simplemente, el alivio de haber encontrado un espacio en el que no tiene que hacer nada más que estar presente.
Cada experiencia es particular.
No puedo prometer una respuesta determinada, porque cada cuerpo tiene su propio recorrido.
Mi trabajo consiste en ofrecer las condiciones para acompañar ese proceso con conocimiento, respeto y atención.
El cuerpo marca el ritmo. La profesionalidad sostiene el proceso.
El conocimiento al servicio de la persona
Quiero detenerme en algo que considero fundamental.
Escuchar el cuerpo no significa dejar de lado el conocimiento profesional. Significa ponerlo al servicio de la persona.
La observación, la comprensión de las necesidades individuales, el respeto por los límites, la adaptación del contacto y la atención a las respuestas corporales forman parte de una misma manera de trabajar.
El MétodoCGV® no busca imponer una respuesta al cuerpo. Busca acompañar a la persona desde una mirada integradora, en la que el trabajo corporal, la presencia y la escucha tienen un lugar esencial.
Porque respetar el proceso también significa reconocer cuándo adaptar el trabajo, cuándo detenerse y cuándo una necesidad requiere otro tipo de atención.
Otoño: un tiempo para volver a escucharte
El otoño nos invita a cambiar de ritmo.
A reconocer que no siempre podemos mantener la misma intensidad y que atender nuestras necesidades también forma parte de vivir con mayor conciencia.
Quizá llevas tiempo prestando atención a todo lo que sucede a tu alrededor y muy poca a lo que te ocurre a ti.
Quizá has normalizado determinadas tensiones o has aprendido a seguir adelante sin preguntarte cómo te encuentras.
No necesitas esperar a que tu cuerpo te obligue a parar para empezar a escucharlo.
Puedes comenzar con algo tan sencillo como concederte un espacio, reconocer tus sensaciones y permitirte recibir atención.
Después de tantos años trabajando con el cuerpo, sigo aprendiendo de cada encuentro.
Y sigo creyendo que, a veces, lo más importante no es hacer más, sino aprender a escuchar de otra manera.
Porque acompañar al cuerpo no consiste en decirle lo que tiene que hacer, sino en crear las condiciones para que la persona pueda volver a escucharse.
Ese es el espíritu que sigue dando sentido al MétodoCGV®.
Un camino que nació de mi propia experiencia, creció a través de los años y continúa evolucionando con cada aprendizaje.
Si algo de lo que has leído resuena contigo y deseas conocer mi manera de trabajar, puedes escribirme. Estaré encantada de escucharte.
Un abrazo,
Carmen Gómez
Creadora del MétodoCGV®
Fundadora de Sant Pau Centre Terapèutic
En la próxima entrega quiero seguir profundizando en algo que considero inseparable del trabajo corporal: cómo integrar la escucha del cuerpo en nuestra vida cotidiana, más allá de la sesión.