Esta imagen es de gran belleza.  Colores fascinantes. Muestra la naturaleza en todo su esplendor. Tranquilidad. Hay quien sentirá su conexión con el universo. La expansión de su espíritu. Trascendencia. Pero también habrá a quien le transmita nostalgia, tristeza, soledad… Alguien puede, incluso, notar miedo o angustia al observar la parte oscura del tronco y las ramas del árbol. Como si éstos fueran a rodearle, a agarrarle. Le puede parecer un árbol amenazante, siniestro, engañoso…

Lo cierto es que nuestra mente es muy diversa y maleable. Cada uno interpreta las cosas a su manera. Podemos configurar nuestra propia realidad, aunque esa realidad sea imaginaria. El poder de la imaginación es muy fuerte. Y el poder del miedo también. Aunque sea un miedo imaginario. En este caso, la oscuridad del árbol, que no es más que el contraluz que se produce al tomar la fotografía, puede llegar a provocar una sensación de miedo.

Tradicionalmente, la oscuridad ha sido siempre una gran generadora de miedo. Especialmente cuando somos niños. Al crecer, lo vamos racionalizando y dándonos cuenta de que, aunque esté oscuro, en realidad no hay por qué temer. Lo vamos superando, aunque siempre puede quedarnos aquel rinconcito de inseguridad ante la oscuridad. Es normal. Paradójicamente, es posible que, en alguna ocasión, hayamos deseado sentir algo de miedo yendo a ver una película de terror. El miedo es, en realidad, un mecanismo adaptativo que posee el ser humano, y muchos animales, necesario para la supervivencia, ya que nos prepara para huir o atacar rápidamente en caso de peligro. Pero, si un miedo permanece mucho tiempo y sin un motivo real, entonces puede convertirse en un problema muy limitante.

Debido a nuestro actual sistema de vida, recibimos diariamente el impacto de múltiples estímulos, tanto positivos como negativos. Esa hiperestimulación nos obliga a procesar continuamente mucha información, y a tener que controlar cada vez más elementos en nuestra vida. El problema aparece cuando parte de esa información, y sus efectos, no los podemos controlar totalmente. Es como si, de repente, naciera una pequeña oscuridad en nuestro interior. Y, tras la oscuridad, aparece el temor. El miedo.

Nos puede preocupar nuestra salud, la de los niños, la de los padres. Ser dependientes. La muerte. Nos puede angustiar perder el trabajo. El no llegar a final de mes. Una reparación inesperada. Podemos estar sufriendo los efectos de la soledad, o ver que, si nada cambia, llegará un día en que no tendremos en quien apoyarnos. Ni con quien hablar. Podemos sentirnos impotentes ante las injusticias que observamos. Indignados ante la corrupción generalizada. Frustrados al ver que el mundo está cada vez peor. Atenazados por la incerteza social. Por la inseguridad. Desmotivados por tanta lucha estéril. Por ilusiones que se han desvanecido con los años… Son tantas las circunstancias que pueden crear oscuridad en nuestro interior, en nuestra consciencia, en nuestra alma…, que la consecuencia lógica es el crecimiento de incertezas, de temores y de miedos.

Aunque los tiempos han cambiado, siempre han existido amenazas. Siempre ha habido una lucha interna por sobrevivir, por vivir dignamente, por conseguir un bienestar, seguridad, por sentirnos felices. Aunque las reglas han cambiado, la lucha continua. Seguimos teniendo esa capacidad para superar los problemas. Pero tenemos que evitar que la oscuridad crezca en nuestro interior y el miedo tome el mando de nuestro pensamiento. Y para que la oscuridad desaparezca, necesitamos luz.

¿Qué busca aquella persona que va a echarse las cartas para saber su futuro? Necesita que le digan que su futuro va a cambiar, que va a mejorar… Aunque no sean más que palabras, busca una luz de esperanza que le ayude a reducir esa oscuridad interior que le angustia. ¿Qué busca aquella persona que pide consejo religioso? Luz espiritual. Consuelo. ¿Qué busca aquella persona que lee un libro de autoayuda? Claridad para disipar sus dudas. Luz para iluminar el camino a seguir. ¿Qué busca aquella persona que acude a un psicólogo o a un coach? Un conocimiento profesional, unos consejos eficaces, que le puedan aportar luz a su oscuridad, eliminar sombras, y encontrar soluciones a sus problemas y sufrimientos.

Pero no todas las oscuridades son iguales. Ni los miedos. Ni tampoco son iguales las soluciones. Lamentablemente, ya sea por desinformación, por vergüenza, por modas, por prejuicios, por soledad, o simplemente por impotencia, muchas personas no afrontan sus problemas, sus miedos, o su oscuridad, de forma adecuada. La consecuencia es que, sus miedos, no solamente persisten, sino que aumentan con el tiempo y, los problemas que acarrean se complican, incluso con graves trastornos de salud.

Ahora piensa un momento. ¿Tienes miedo de que lo que te pueda pasar? ¿Sientes una oscuridad dentro de ti? ¿Sufres porque no controlas tus emociones? Si es así, no infravalores estas señales. Pueden ser importantes. Es tu propia consciencia que te está diciendo que algo no está bien. Que algo debe cambiar. Que debes actuar. Y, por supuesto, es fundamental hacerlo en la forma y en la dirección adecuada. Te puedo decir, desde mi experiencia profesional como psicólogo, que, mediante la aplicación de las distintas técnicas psicológicas que utilizo en consulta, de forma personalizada en cada caso, siempre hay alguna forma de conseguir mejorar los problemas de miedos y fobias. Siempre hay una manera de disipar parte de esa oscuridad que ha ido apagando el brillo de tu luz interior. De tu seguridad. Porque esa luz permanece en ti y hay que recuperarla. Disipar los miedos. Reducir las inseguridades. Recuperar la ilusión. Sentirte más feliz.