El efecto de los imanes, ¿efecto placebo o efecto real?

Son bastante conocidos los efectos relajantes que puede tener una sesión de biomagnetismo,  sin embargo, puede surgir la duda: ¿se trata de un efecto placebo o sus efectos son reales y medibles? Para aportar luz a esta cuestión realizamos una prueba de análisis y registro electroencefalográfico EEG, bajo la supervisión de un técnico y psicólogo clínico especializado.

El funcionamiento del EEG se basa en que la actividad eléctrica del cerebro, que es la forma que tienen de comunicarse las neuronas, genera unas ondas cerebrales cuya actividad es detectada por el aparato. Cada estado mental o pensamiento es capaz de emitir un tipo de onda diferente en distintas partes del cerebro.

Estas ondas cerebrales se diferencian por su frecuencia, es decir, sus ciclos por segundo, midiéndose en hertz. Pueden ser más lentas o más rápidas. Cuando son más lentas nos sentimos más adormilados, lentos o cansados, mientras que si son más rápidas, nos sentimos más despiertos y en alerta. Existen cinco tipos de ondas cerebrales, delta, theta, alfa, beta y gamma, ordenadas desde más lenta a más rápida.

Cada una de estas ondas tiene unas funciones y unos objetivos diferenciados. Lo habitual es que predomine una onda por encima de las otras en un momento dado, pero todas están presentes y preparadas para cualquier cambio de situación a lo largo del día o de la noche, incluso de forma complementaria. Por ejemplo, al ir a domir, las ondas van bajando su frecuencia de beta a alfa, luego a theta y luego a delta. Al despertar, las ondas cerebrales van incrementando su frecuencia progresivamente hasta llegar a theta, estado en el que puede permanecer unos 15 minutos, que es un tiempo durante el cual la persona experimenta un mayor flujo de ideas, ideas más lúcidas, creativas o elaboradas. Hay quien llega a generar ondas gamma… Luego lo explicamos. Antes, conozcamos algunas de las características de cada onda.

Ondas cerebrales

Las ondas delta son las más lentas y de mayor amplitud, entre 0,1 y 3,99 Hz. Predominan en el sueño profundo (pero sin sueños) y en altos niveles de relajación o meditación. Esenciales para regenerar el Sitema Nervioso Central. Predominantes en los bebés y en los niños pequeños, al envejecer tendemos a producir menos ondas delta, incluso en el sueño profundo. Por eso, el sueño y nuestra capacidad para descansar se van perdiendo con los años, y cada vez son menos reparadores. Pero eso no es todo. También se relacionan con la capacidad de aprendizaje, así como con actividades corporales de las que no somos conscientes, como la regulación del ritmo cardíaco, la digestión y el sistema inmune. Favorecen y cuidan de nuestro sistema inmunitario. De ahí la importancia de aprender a relajarse y generar este tipo de ondas más lentas.

Las ondas theta son algo más rápidas que delta. Van de los 4 a los 7,99 Hz. Se relacionan con el sueño ligero, la reflexión y las capacidades imaginativas o intuitivas, mostrando también una fuerte actividad cuando se experimentan emociones muy profundas, es decir, se produce en procesos cognitivos internos. Podemos sentir su predominancia, por ejemplo, después de realizar un gran esfuerzo que nos ha demandado mucha energía y concentración, momento en el que desconectamos y nos relajamos absolutamente, liberando nuestra imaginación, soñando despiertos y experimentando una calma profunda. También predominan estas ondas en momentos en que nuestra mente se encuentra como en otro sitio, soñando despiertos, desconectados… Una excesiva actividad de estas ondas, no obstante, se podría relacionar con depresión y, por el contrario, una muy baja actividad con problemas de ansiedad y estrés.

Con las ondas alfa (8 a 13,99 Hz) hay calma, tranquilidad, pero no sueño. Hay relajación y también un estado favorable para meditar. Se puede experimentar, por ejemplo, sentados en el sofá mirando la televisión, en la cama descansando, pero sin llegar a dormirse. Incluso manteniendo los ojos cerrados. Hay quien también lo experimenta dando un paseo agradable. Su rango de frecuencia moderada permite que pueda servir de puente entre las ondas theta y beta, favorecer la armonización mente-cuerpo, la calma y la alerta al mismo tiempo. Un exceso de ondas alfa podría provocar problemas para concentrar la atención o sentirse con pocas fuerzas para ejecutar una tarea, mientras que un muy bajo nivel podría cursar con dificultades para relajarse, ansiedad, estrés e insomnio. No obstante, hay que aclarar que puede que en un instante del día nuestra onda alfa tenga una actividad intensa en el lóbulo frontal, lo cual hará que podamos sentir cierta ansiedad y, sin embargo, esta misma onda en el área occipital implicaría un estado óptimo de relajación. Por otra parte, algunos estudios han mostrado asociación entre las bandas alfa y theta y los estados de relajación, meditación y susceptibilidad hipnótica, al verse incrementadas en el estado de relajación profunda.

Con las ondas beta (14 a 29,99 Hz) alcanzamos un nivel de frecuencia más elevado y rápido, producto de una actividad neuronal de mayor intensidad. Corresponde al estado de vigilia, es decir, cuando abrimos los ojos pasamos de ondas alfa a beta, estamos bien despiertos y nuestra atención se fija en procesos cognitivos externos en los que fijamos la atención, como toma de decisiones, resolver problemas o realizar una tarea que requiera nuestra atención, incluyendo cuando estamos pendientes de múltiples estímulos externos al mismo tiempo, permitiéndonos también reaccionar rápidamente ante posibles imprevistos. Un buen nivel de ondas beta ayuda a estar más atentos, a realizar tareas o a resolver problemas. Sin embargo, un exceso puede suponer una sobreactivación neuronal que derive en ansiedad y estrés. Por su parte, un nivel muy bajo puede suponer estar excesivamente relajado, parado, incluso deprimido.

Las ondas gamma (30 a 100 Hz) tienen una frecuencia muy alta y rápida. Se producen en ráfagas cortas. Son un tipo de ondas de la que hasta hace relativamente poco tiempo no se sabía demasiado, ya que resultaba muy difícil captarlas. Hay dos modelos, uno de hiperactividad cuando nos encontramos en una situación de peligro o de alta tensión. Mientras que el otro modelo se aprecia en grandes meditadores expertos en relajación o en personas con alta vulnerabilidad a la hipnosis. Estas ondas se asocian con la asimilación de información nueva y el aprendizaje, así como con nuestros sentidos y percepciones, pero especialmente con tareas con un alto nivel de procesamiento cognitivo y alta resolución. Se observan picos elevados de ciclos de sueño REM, así como en estados de felicidad, de espiritualidad y alta consciencia. Un exceso puede conllevar un estado de estrés y ansiedad, mientras que su baja actividad se puede relacionar con problemas de aprendizaje y depresión. Para incrementar este tipo de ondas se recomienda la meditación.

La prueba con imanes y EEG

Para realizar la prueba se aplicaron los imanes en el cuerpo de una mujer de 59 años. La prueba se subdividió en dos partes de 15 minutos, en las que los imanes se dispusieron de diferente manera. En su cabeza se colocó el casco con los sensores necesarios para detectar el funcionamiento de sus cinco tipos de ondas cerebrales durante todo ese tiempo. Se controlaron los estados de relajación y de actividad de las distintas frecuencias cerebrales como consecuencia de la aplicación de imanes, controlándose especialmente los estados de relajación a través de las ondas alfa y theta, así como los estados de activación e hiperactividad beta y gamma.

En la primera parte de la prueba, se observó una activación gradual de las ondas de frecuencias comprendidas entre 4 y 13, alfa y theta, llegando en el minuto 12 a unos niveles de activación que corresponden a una fase de relajación muy profunda, superior a los niveles que se consideran habituales sin que medie estímulo o intervención que lo provoque.

Para realizar la segunda prueba hemos variado la posición de los imanes. Se observa que la activación de las ondas es más amplia, ya que, a partir del minuto 6, se están activando mucho más las ondas alfa y theta, relacionadas con una relajación profunda, así como beta, relacionada con una mayor claridad de atención y pensamiento, e incluso se activan ráfagas de gamma, relacionadas con una más elevada consciencia interior y nivel relajación.

Los resultados mostraron que una adecuada aplicación de imanes puede producir, al activar las ondas cerebrales, unos efectos de relajación y optimización de las frecuencias cerebrales en pocos minutos, y que, el biomagnetismo emocional, bajo supervisión psicológica, puede ser una técnica coadyuvante de gran utilidad para combatir el estrés y favorecer la generación de estados emocionales más armónicos, que, a su vez, pueden resultar muy beneficiosos en problemas de nerviosismo, ansiedad, insomnio, depresión, etc.

José Mª Guillén LLadó

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