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Algunos alimentos o nutrientes pueden provocar reacciones adversas, pudiendo manifestarse de forma rápida y aparatosa como en el caso de las alergias, o de forma lenta y retardada como en las intolerancias, lo que puede motivar que pasen desapercibidas durante mucho tiempo e ir generando problemas insidiosamente. Así, si bien en algunas intolerancias alimentarias interviene el sistema inmunológico, en otros muchos casos no lo hace, sino que pueden ser el estrés, la ansiedad, el comer deprisa, la falta de enzimas digestivas, la toma de fármacos, alteraciones de la acidez estomacal o de la flora intestinal, o la ingesta de alimentos inadecuados para la capacidad metabólica de la persona, los factores favorecedores de intolerancias alimentarias.
Las intolerancias alimentarias son cada vez más frecuentes. Por ello, es muy importante conocerlas y saber qué factores las están favoreciendo, con el fin de implementar unos hábitos alimenticios adecuados y equilibrados para prevenir enfermedades y asegurarse una mejor calidad de vida. Esto es válido para cualquier persona. En los niños puede resultar primordial para asegurar un desarrollo saludable y para ayudar a prevenir posibles trastornos metabólicos. En las personas mayores, para evitar o mejorar problemas de salud adquiridos en el transcurso de los años, adaptando sus hábitos alimentarios a sus capacidades y estado digestivo actual. Una alimentación inadecuada es el factor de mayor peso en la generación de las llamadas enfermedades del bienestar.
La restricción de los alimentos que, por una razón u otra, no son bien tolerados por el organismo de una persona, puede resultar muy útil para prevenir y/o mejorar algunos de los problemas que no responden a tratamientos habituales. Se han verificado mejoras especialmente en trastornos gastrointestinales (dolores abdominales, diarrea, hinchazón, síndrome de colon irritable, candidiasis, estreñimiento crónico), pero también de forma significativa en alteraciones dermatológicas (acné, eczema, psoriasis, urticaria), problemas respiratorios (asma, rinitis, dificultad respiratoria), problemas articulares (artritis, fibromialgia, fatiga), molestias neurológicas (dolor de cabeza, migraña, mareo, náuseas, vértigo), o en trastornos psicológicos (ansiedad, depresión, hiperactividad). Igualmente puede resultar útil en algunos casos de sobrepeso, retención de líquidos y obesidad, incluso en personas que no responden a las habituales dietas de adelgazamiento hipocalóricas o disociadas, ya que en esos casos el sistema inmunológico puede estar actuando formando inmunocomplejos con los restos alimenticios mal metabolizados y provocando situaciones de edema.

Jose Maria Guillen (Psiconaturopatia)