Como continuación del anterior artículo sobre la Integración Psicocorporal, el sistema psicoterapéutico creado y estructurado por Marc Costa, psicólogo y psicoterapeuta, y con el fin de obtener una visión más amplia sobre las características y propiedades de este sistema, nos centraremos en esta ocasión en las palabras de María Durán, psicoterapeuta corporal.

Nos dice María Durán en su web:
Mi trabajo se fundamenta en la teoría y la práctica de La Escuela de Integración Psicocorporal.
La integración psicocorporal concibe a la persona como un “todo integrado” donde cuerpo, mente y emoción son una unidad y una única realidad.

Muy a menudo vivimos de forma separada cuerpo, mente y emoción provocándonos malestar, síntomas corporales (tensión, rigidez, dolor, enfermedad…), síntomas mentales (paranoia, obsesión, exigencia, autocrítica…) y síntomas emocionales (angustia, euforia, tristeza, miedo, rabia…) que muchas veces no relacionamos entre sí. Esto condiciona nuestra capacidad de funcionamiento, e intentando no sentir el dolor que comporta tampoco sentimos el placer. Así construimos una coraza con la cual nos relacionamos y de la que no nos es fácil salir.

Por eso la psicoterapia tiene como objetivo la recuperación de esta unidad. Se trata de recobrar la conciencia, tanto de los bloqueos corporales y energéticos como de los conflictos inconscientes, muchos de ellos con orígenes pre y perinatales, y liberar de forma integra cuerpo – mente, consiguiendo saber quién somos, que sentimos y que nos pasa, haciendo resurgir nuestras capacidades y el impulso de vida que todos llevamos dentro. El trabajo del terapeuta es acompañar en este proceso de hacer resurgir la conciencia perdida, respetando el ritmo y la expresión psicosomática de la persona.

La relación terapéutica toma importancia porque a través de ella se puede ver como uno se relaciona con los otros desde un patrón histórico y a la vez se va construyendo una nueva posibilidad de relacionarse. Esto permite poder reparar y vivir las relaciones personales desde un lugar más de acuerdo con uno mismo.

El terapeuta no hará interpretaciones porque las vivencias de cada persona son únicas y no pueden ser interpretadas como generalidades, que nada tienen que ver con el proceso del individuo, que es el único capacitado para conocer y solucionar su propia historia.