imageA veces las cosas no son lo que parecen, y hace falta que alguien te diga lo que son en realidad, para darte cuenta del error de apreciación.

Muchas personas sufren problemas de incomprensión porque son “demasiado sensibles”, como si esto fuera un defecto, y no lo es.

Son personas con una riqueza sensitiva y emocional que no pueden, o no saben, canalizarlas de forma práctica sin “chocar” con el entorno, sin ser catalogadas como débiles, raras, o incluso neuróticas.

Pero ello no debe extrañar, porque de la misma forma que no todo el mundo sabe entender y apreciar una ópera romántica, un cuadro de Picasso, una poesía de José Luis Borges o El Lago de los Cisnes, tampoco todo el mundo es capaz de entender y apreciar la riqueza interior de estas personas altamente sensibles. Y más en un mundo, en una sociedad, que prima lo superficial y lo material. Una sociedad en la que, nada más nacer, empezamos a competir los unos con los otros, anulando voluntades y atrofiando potentes capacidades innatas.

La consecuencia es que estas personas no se sienten comprendidas, apoyadas, y no pueden expresar la esencia de su ser más profundo. No pueden evolucionar libremente y se quedan estancadas pensando que no pueden o no saben. Sufriendo inseguridad y baja autoestima. Incluso sintiéndose culpables por ser como son… Y no. No debe ser así. Esas personas son realmente maravillosas, y su belleza interior debe poder expresarse.