imageEs muy habitual que cuando sufrimos molestias las tratemos de forma específica y localizada, olvidando que están interrelacionadas con otros aspectos y partes de nuestro organismo. Cuerpo y mente están estrechamente conectados, formando una unidad funcional, y si nos olvidamos de una de esas partes, podemos no sólo no solucionar la verdadera raíz del problema, sino que con el tiempo éste se vaya agravando y complicando.

Cuando una persona con el colon irritable se enfada, o se disgusta, a las dos horas puede estar sufriendo un intenso dolor abdominal. Cuando una persona sufre un estrés muy fuerte y sostenido en el tiempo, llega un momento en que su organismo se agota y puede desencadenarse una fuerte depresión y fatiga, o incluso una diabetes en aquellas personas predispuestas hereditáriamente. El estrés puede disminuir la fortaleza de nuestro sistema inmune, favoreciendo que algunos parásitos oportunistas que tenemos en nuestro organismo aprovechen para colonizarlo, causando graves problemas. Comer deprisa e inconscientemente, masticando y ensalivando poco, puede favorecer la aparición de acidez estomacal, reflujo, hernia de hiato… Dormir mal debido a la acumulación de preocupaciones y a no saber abstraerse de ellas, puede afectar a empeorar la ansiedad que padece la persona. Aguantar situaciones injustas, no comunicarse, renunciar a hacer lo que te gusta, a tus sueños, a tus ilusiones, y verte obligado a trabajar más de la cuenta durante largo tiempo, puede favorecer la aparición de fibromialgia y fatiga crónica. Asumir la responsabilidad familiar de forma personal sin que los otros miembros de la misma asuman su parte, taponando todos los fallos para que no se hunda la nave, estar siempre sufriendo para que nada falle, manteniendo una tensión emocional permanente, estando siempre en guardia, poniendo límites para evitar que nada se desborde…, conlleva una sobretensión emocional cerebral sostenida que puede afectar al hipotálamo, y de ahí repercutir a la glándula tiroides…

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Hay miles y miles de relaciones entre cuerpo y mente, entre lo que pensamos y lo que hacemos, que fácilmente se desequilibran y provocan una desarmonización que puede provocar trastornos y síntomas que con el tiempo pueden ser graves. Sin embargo, en la mayoría de ocasiones nuestro organismo nos avisa pero no le hacemos caso. Lo mandamos callar con unas pastillas, unas hierbas, o lo que sea. Es un error. Debemos atender y estudiar las verdaderas causas del problema para prevenir y evitar que vaya a más. Sólo de esa forma, teniendo en cuenta tanto el cuerpo como la mente, corrigiendo los errores o causas que nos alteran, podemos prevenir y mejorar nuestra salud, no solamente para paliar los problemas, sino incluso para acceder a una salud más completa y duradera, una salud superior.

Los viejos problemas, incluso los más resistentes, pueden mejorar o resolverse si se actúa conjunta y armónicamente sobre cuerpo y mente. Ahí la Psiconaturopatía tiene mucho que decir y hacer para ayudarte.

José María Guillén