Par Biomagnético

¿TIENES MIEDOS?

 

Esta imagen es de gran belleza.  Colores fascinantes. Muestra la naturaleza en todo su esplendor. Tranquilidad. Hay quien sentirá su conexión con el universo. La expansión de su espíritu. Trascendencia. Pero también habrá a quien le transmita nostalgia, tristeza, soledad… Alguien puede, incluso, notar miedo o angustia al observar la parte oscura del tronco y las ramas del árbol. Como si éstos fueran a rodearle, a agarrarle. Le puede parecer un árbol amenazante, siniestro, engañoso…

Lo cierto es que nuestra mente es muy diversa y maleable. Cada uno interpreta las cosas a su manera. Podemos configurar nuestra propia realidad, aunque esa realidad sea imaginaria. El poder de la imaginación es muy fuerte. Y el poder del miedo también. Aunque sea un miedo imaginario. En este caso, la oscuridad del árbol, que no es más que el contraluz que se produce al tomar la fotografía, puede llegar a provocar una sensación de miedo.

Tradicionalmente, la oscuridad ha sido siempre una gran generadora de miedo. Especialmente cuando somos niños. Al crecer, lo vamos racionalizando y dándonos cuenta de que, aunque esté oscuro, en realidad no hay por qué temer. Lo vamos superando, aunque siempre puede quedarnos aquel rinconcito de inseguridad ante la oscuridad. Es normal. Paradójicamente, es posible que, en alguna ocasión, hayamos deseado sentir algo de miedo yendo a ver una película de terror. El miedo es, en realidad, un mecanismo adaptativo que posee el ser humano, y muchos animales, necesario para la supervivencia, ya que nos prepara para huir o atacar rápidamente en caso de peligro. Pero, si un miedo permanece mucho tiempo y sin un motivo real, entonces puede convertirse en un problema muy limitante.

Debido a nuestro actual sistema de vida, recibimos diariamente el impacto de múltiples estímulos, tanto positivos como negativos. Esa hiperestimulación nos obliga a procesar continuamente mucha información, y a tener que controlar cada vez más elementos en nuestra vida. El problema aparece cuando parte de esa información, y sus efectos, no los podemos controlar totalmente. Es como si, de repente, naciera una pequeña oscuridad en nuestro interior. Y, tras la oscuridad, aparece el temor. El miedo.

Nos puede preocupar nuestra salud, la de los niños, la de los padres. Ser dependientes. La muerte. Nos puede angustiar perder el trabajo. El no llegar a final de mes. Una reparación inesperada. Podemos estar sufriendo los efectos de la soledad, o ver que, si nada cambia, llegará un día en que no tendremos en quien apoyarnos. Ni con quien hablar. Podemos sentirnos impotentes ante las injusticias que observamos. Indignados ante la corrupción generalizada. Frustrados al ver que el mundo está cada vez peor. Atenazados por la incerteza social. Por la inseguridad. Desmotivados por tanta lucha estéril. Por ilusiones que se han desvanecido con los años… Son tantas las circunstancias que pueden crear oscuridad en nuestro interior, en nuestra consciencia, en nuestra alma…, que la consecuencia lógica es el crecimiento de incertezas, de temores y de miedos.

Aunque los tiempos han cambiado, siempre han existido amenazas. Siempre ha habido una lucha interna por sobrevivir, por vivir dignamente, por conseguir un bienestar, seguridad, por sentirnos felices. Aunque las reglas han cambiado, la lucha continua. Seguimos teniendo esa capacidad para superar los problemas. Pero tenemos que evitar que la oscuridad crezca en nuestro interior y el miedo tome el mando de nuestro pensamiento. Y para que la oscuridad desaparezca, necesitamos luz.

¿Qué busca aquella persona que va a echarse las cartas para saber su futuro? Necesita que le digan que su futuro va a cambiar, que va a mejorar… Aunque no sean más que palabras, busca una luz de esperanza que le ayude a reducir esa oscuridad interior que le angustia. ¿Qué busca aquella persona que pide consejo religioso? Luz espiritual. Consuelo. ¿Qué busca aquella persona que lee un libro de autoayuda? Claridad para disipar sus dudas. Luz para iluminar el camino a seguir. ¿Qué busca aquella persona que acude a un psicólogo o a un coach? Un conocimiento profesional, unos consejos eficaces, que le puedan aportar luz a su oscuridad, eliminar sombras, y encontrar soluciones a sus problemas y sufrimientos.

Pero no todas las oscuridades son iguales. Ni los miedos. Ni tampoco son iguales las soluciones. Lamentablemente, ya sea por desinformación, por vergüenza, por modas, por prejuicios, por soledad, o simplemente por impotencia, muchas personas no afrontan sus problemas, sus miedos, o su oscuridad, de forma adecuada. La consecuencia es que, sus miedos, no solamente persisten, sino que aumentan con el tiempo y, los problemas que acarrean se complican, incluso con graves trastornos de salud.

Ahora piensa un momento. ¿Tienes miedo de que lo que te pueda pasar? ¿Sientes una oscuridad dentro de ti? ¿Sufres porque no controlas tus emociones? Si es así, no infravalores estas señales. Pueden ser importantes. Es tu propia consciencia que te está diciendo que algo no está bien. Que algo debe cambiar. Que debes actuar. Y, por supuesto, es fundamental hacerlo en la forma y en la dirección adecuada. Te puedo decir, desde mi experiencia profesional como psicólogo, que, mediante la aplicación de las distintas técnicas psicológicas que utilizo en consulta, de forma personalizada en cada caso, siempre hay alguna forma de conseguir mejorar los problemas de miedos y fobias. Siempre hay una manera de disipar parte de esa oscuridad que ha ido apagando el brillo de tu luz interior. De tu seguridad. Porque esa luz permanece en ti y hay que recuperarla. Disipar los miedos. Reducir las inseguridades. Recuperar la ilusión. Sentirte más feliz.

 

ONDAS CEREBRALES, ESTRÉS Y BIOMAGNETISMO EMOCIONAL

 

El efecto de los imanes, ¿efecto placebo o efecto real?

Son bastante conocidos los efectos relajantes que puede tener una sesión de biomagnetismo,  sin embargo, puede surgir la duda: ¿se trata de un efecto placebo o sus efectos son reales y medibles? Para aportar luz a esta cuestión realizamos una prueba de análisis y registro electroencefalográfico EEG, bajo la supervisión de un técnico y psicólogo clínico especializado.

El funcionamiento del EEG se basa en que la actividad eléctrica del cerebro, que es la forma que tienen de comunicarse las neuronas, genera unas ondas cerebrales cuya actividad es detectada por el aparato. Cada estado mental o pensamiento es capaz de emitir un tipo de onda diferente en distintas partes del cerebro.

Estas ondas cerebrales se diferencian por su frecuencia, es decir, sus ciclos por segundo, midiéndose en hertz. Pueden ser más lentas o más rápidas. Cuando son más lentas nos sentimos más adormilados, lentos o cansados, mientras que si son más rápidas, nos sentimos más despiertos y en alerta. Existen cinco tipos de ondas cerebrales, delta, theta, alfa, beta y gamma, ordenadas desde más lenta a más rápida.

Cada una de estas ondas tiene unas funciones y unos objetivos diferenciados. Lo habitual es que predomine una onda por encima de las otras en un momento dado, pero todas están presentes y preparadas para cualquier cambio de situación a lo largo del día o de la noche, incluso de forma complementaria. Por ejemplo, al ir a domir, las ondas van bajando su frecuencia de beta a alfa, luego a theta y luego a delta. Al despertar, las ondas cerebrales van incrementando su frecuencia progresivamente hasta llegar a theta, estado en el que puede permanecer unos 15 minutos, que es un tiempo durante el cual la persona experimenta un mayor flujo de ideas, ideas más lúcidas, creativas o elaboradas. Hay quien llega a generar ondas gamma… Luego lo explicamos. Antes, conozcamos algunas de las características de cada onda.

Ondas cerebrales

Las ondas delta son las más lentas y de mayor amplitud, entre 0,1 y 3,99 Hz. Predominan en el sueño profundo (pero sin sueños) y en altos niveles de relajación o meditación. Esenciales para regenerar el Sitema Nervioso Central. Predominantes en los bebés y en los niños pequeños, al envejecer tendemos a producir menos ondas delta, incluso en el sueño profundo. Por eso, el sueño y nuestra capacidad para descansar se van perdiendo con los años, y cada vez son menos reparadores. Pero eso no es todo. También se relacionan con la capacidad de aprendizaje, así como con actividades corporales de las que no somos conscientes, como la regulación del ritmo cardíaco, la digestión y el sistema inmune. Favorecen y cuidan de nuestro sistema inmunitario. De ahí la importancia de aprender a relajarse y generar este tipo de ondas más lentas.

Las ondas theta son algo más rápidas que delta. Van de los 4 a los 7,99 Hz. Se relacionan con el sueño ligero, la reflexión y las capacidades imaginativas o intuitivas, mostrando también una fuerte actividad cuando se experimentan emociones muy profundas, es decir, se produce en procesos cognitivos internos. Podemos sentir su predominancia, por ejemplo, después de realizar un gran esfuerzo que nos ha demandado mucha energía y concentración, momento en el que desconectamos y nos relajamos absolutamente, liberando nuestra imaginación, soñando despiertos y experimentando una calma profunda. También predominan estas ondas en momentos en que nuestra mente se encuentra como en otro sitio, soñando despiertos, desconectados… Una excesiva actividad de estas ondas, no obstante, se podría relacionar con depresión y, por el contrario, una muy baja actividad con problemas de ansiedad y estrés.

Con las ondas alfa (8 a 13,99 Hz) hay calma, tranquilidad, pero no sueño. Hay relajación y también un estado favorable para meditar. Se puede experimentar, por ejemplo, sentados en el sofá mirando la televisión, en la cama descansando, pero sin llegar a dormirse. Incluso manteniendo los ojos cerrados. Hay quien también lo experimenta dando un paseo agradable. Su rango de frecuencia moderada permite que pueda servir de puente entre las ondas theta y beta, favorecer la armonización mente-cuerpo, la calma y la alerta al mismo tiempo. Un exceso de ondas alfa podría provocar problemas para concentrar la atención o sentirse con pocas fuerzas para ejecutar una tarea, mientras que un muy bajo nivel podría cursar con dificultades para relajarse, ansiedad, estrés e insomnio. No obstante, hay que aclarar que puede que en un instante del día nuestra onda alfa tenga una actividad intensa en el lóbulo frontal, lo cual hará que podamos sentir cierta ansiedad y, sin embargo, esta misma onda en el área occipital implicaría un estado óptimo de relajación. Por otra parte, algunos estudios han mostrado asociación entre las bandas alfa y theta y los estados de relajación, meditación y susceptibilidad hipnótica, al verse incrementadas en el estado de relajación profunda.

Con las ondas beta (14 a 29,99 Hz) alcanzamos un nivel de frecuencia más elevado y rápido, producto de una actividad neuronal de mayor intensidad. Corresponde al estado de vigilia, es decir, cuando abrimos los ojos pasamos de ondas alfa a beta, estamos bien despiertos y nuestra atención se fija en procesos cognitivos externos en los que fijamos la atención, como toma de decisiones, resolver problemas o realizar una tarea que requiera nuestra atención, incluyendo cuando estamos pendientes de múltiples estímulos externos al mismo tiempo, permitiéndonos también reaccionar rápidamente ante posibles imprevistos. Un buen nivel de ondas beta ayuda a estar más atentos, a realizar tareas o a resolver problemas. Sin embargo, un exceso puede suponer una sobreactivación neuronal que derive en ansiedad y estrés. Por su parte, un nivel muy bajo puede suponer estar excesivamente relajado, parado, incluso deprimido.

Las ondas gamma (30 a 100 Hz) tienen una frecuencia muy alta y rápida. Se producen en ráfagas cortas. Son un tipo de ondas de la que hasta hace relativamente poco tiempo no se sabía demasiado, ya que resultaba muy difícil captarlas. Hay dos modelos, uno de hiperactividad cuando nos encontramos en una situación de peligro o de alta tensión. Mientras que el otro modelo se aprecia en grandes meditadores expertos en relajación o en personas con alta vulnerabilidad a la hipnosis. Estas ondas se asocian con la asimilación de información nueva y el aprendizaje, así como con nuestros sentidos y percepciones, pero especialmente con tareas con un alto nivel de procesamiento cognitivo y alta resolución. Se observan picos elevados de ciclos de sueño REM, así como en estados de felicidad, de espiritualidad y alta consciencia. Un exceso puede conllevar un estado de estrés y ansiedad, mientras que su baja actividad se puede relacionar con problemas de aprendizaje y depresión. Para incrementar este tipo de ondas se recomienda la meditación.

La prueba con imanes y EEG

Para realizar la prueba se aplicaron los imanes en el cuerpo de una mujer de 59 años. La prueba se subdividió en dos partes de 15 minutos, en las que los imanes se dispusieron de diferente manera. En su cabeza se colocó el casco con los sensores necesarios para detectar el funcionamiento de sus cinco tipos de ondas cerebrales durante todo ese tiempo. Se controlaron los estados de relajación y de actividad de las distintas frecuencias cerebrales como consecuencia de la aplicación de imanes, controlándose especialmente los estados de relajación a través de las ondas alfa y theta, así como los estados de activación e hiperactividad beta y gamma.

En la primera parte de la prueba, se observó una activación gradual de las ondas de frecuencias comprendidas entre 4 y 13, alfa y theta, llegando en el minuto 12 a unos niveles de activación que corresponden a una fase de relajación muy profunda, superior a los niveles que se consideran habituales sin que medie estímulo o intervención que lo provoque.

Para realizar la segunda prueba hemos variado la posición de los imanes. Se observa que la activación de las ondas es más amplia, ya que, a partir del minuto 6, se están activando mucho más las ondas alfa y theta, relacionadas con una relajación profunda, así como beta, relacionada con una mayor claridad de atención y pensamiento, e incluso se activan ráfagas de gamma, relacionadas con una más elevada consciencia interior y nivel relajación.

Los resultados mostraron que una adecuada aplicación de imanes puede producir, al activar las ondas cerebrales, unos efectos de relajación y optimización de las frecuencias cerebrales en pocos minutos, y que, el biomagnetismo emocional, bajo supervisión psicológica, puede ser una técnica coadyuvante de gran utilidad para combatir el estrés y favorecer la generación de estados emocionales más armónicos, que, a su vez, pueden resultar muy beneficiosos en problemas de nerviosismo, ansiedad, insomnio, depresión, etc.

José Mª Guillén LLadó

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MASAJE CIRCULATORIO Y BIOMAGNETISMO

 

Los beneficios del masaje circulatorio son conocidos. Activa y normaliza el riego sanguíneo y linfático. Favorece la vasodilatación y el retorno venoso, mejorando la oxigenación y ayudando a conseguir un tono muscular más saludable, además de contribuir a eliminar más rápidamente los residuos de desecho que produce el metabolismo, y siendo sus efectos muy positivos en casos de trastornos circulatorios en general, retención de líquidos, edemas, celulitis, obesidad, piernas cansadas, fatiga o agotamiento, contracturas, calambres…

Es muy importante personalizar el masaje a cada caso, para conseguir unos efectos adaptados a cada necesidad. Dentro de esta personalización, y con el objetivo de mejorar aún más los efectos del masaje, se puede complementar con biomagnetismo, ya que además de sus conocidos efectos relajantes, se ha constatado unos claros beneficios sobre el sistema circulatorio y la propia sangre.

 

Al aplicar los imanes, los elementos sanguíneos (glóbulos rojos, blancos, plaquetas) se alinean simétricamente en un equilibrio iónico de cargas positivas y negativas y, al hacerlo, la circulación se vuelve más fluida, disminuye la congestión de tejido dañado, se experimenta alivio y, si hay edema, disminuye. En la siguiente imagen se observa esa diferencia sobre los glóbulos rojos antes y después de aplicar los imanes.

La sangre contiene hemoglobina (hierro) que funciona como transporte del oxígeno y el dióxido de carbono. A medida que la sangre circula por los pulmones, la hemoglobina activada por campos magnéticos puede transportar mayor cantidad de oxígeno a los tejidos celulares, así como retirar mayor cantidad de los deshechos del dióxido de carbono para transportarlos nuevamente a los pulmones. El resultado es el aumento de energía personal y la disminución de la fatiga.
En conclusión, combinando el masaje circulatorio y el biomagnetismo, se obtiene una sinergia singular muy beneficiosa para mejorar la salud del sistema circulatorio.

Carmen Gómez vázquez

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El efecto magnético de la Tierra sobre los seres humanos.

El biomagnetismo terapéutico es una técnica muy potente, porque está basado en el magnetismo de la corteza terrestre y el cuerpo humano. Es algo que se conoce desde hace siglos. Uno de los más importantes especialistas en esa especialidad, el médico de origen hindú H.L.Bansai, nos habla de ello:

«La Tierra transmite energía magnética a todos los organismos vivientes: humanos, animales y vegetales.

El cuerpo humano es en sí mismo un imán. Hablando en términos de magnetismo, se considera que nuestros cuerpos poseen ciertas facetas magnéticas. Considerando a una persona erguida, en posición vertical, la cabeza y el torso simulan el polo norte, mientras que la mitad inferior -los pies, piernas y caderas- representan el polo sur. En un cuerpo humano en posición horizontal, la mano, el brazo y el lado derecho se asimilan al norte, y sus opuestos al sur. De la misma forma, la parte frontal de una persona -frente, rostro, pecho y vientre- representan el norte, y la dorsal -occipucio, nuca, columna vertebral y glúteos- son consideradas el sur.

Ahora bien: guiándonos por las leyes y fuerzas naturales, toda acción realizada en la dirección natural aporta paz y serenidad, y provoca la menor incomodidad posible, dadas las circunstancias, que si se efectuara en otro sentido. De acuerdo con esto, cuando nos acostamos para dormir, por ejemplo, si lo hacemos en la misma orientación que adoptaría una varilla imantada suspendida, logramos evitar las tensiones y el insomnio, y descansar más profundamente. Cuando yacemos extendidos, con nuestro norte hacia el norte de a Tierra, y nuestro sur hacia el sur de la Tierra, obtenemos un equilibrio ideal; por tanto, la mejor posición para descansar es con la cabeza hacia el norte y los pies hacia el sur, especialmente si dormimos directamente sobre el suelo. Esta posición proporciona un sueño más profundo e incluso mejora la salud, ya que el cuerpo se orienta en concordancia con la dirección de las corrientes magnéticas terrestres, que de ese modo afectan favorablemente al sistema.»

(Texto extraído del libro Magnetoterapia, cura por los campos energéticos, del Dr. H.L.Bansal (Ediciones Continente, Buenos Aires, página 24).

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BIOMAGNETISMO EMOCIONAL

El biomagnetismo terapéutico utiliza imanes de mediana intensidad que se ponen sobre el cuerpo, generalmente en puntos de acupuntura o en zonas anatómicas estratégicas del mismo, con la finalidad de ejercer una acción natural correctora, basada en equilibrar el pH del organismo, recuperar el equilibrio homeostático, o armonizar las disfunciones bioenergéticas, ya sea utilizando la técnica de la magnetoterapia clásica o la de los pares biomagnéticos. Esta última técnica ha evolucionado espectacularmente y se ha popularizado en los últimos años, gracias a los grandes resultados obtenidos.

mujer magnetizada

Es especialmente conocido el biomagnetismo por su gran capacidad terapéutica ante trastornos de tipo orgánico, ya sea sobre patógenos como bacterias, virus, hongos o parásitos, o sobre procesos inflamatorios y dolorosos, pero no se prodiga tanto sobre aspectos emocionales o psicológicos, y sin embargo, su capacidad para influir positivamente sobre estas áreas es enorme. Además, sus características técnicas propician una acción favorecedora de la relación cuerpo/mente.

Son muchas las terapias naturales capaces de ejercer una acción beneficiosa sobre la esfera emocional. Alivian y proporcionan relajación y bienestar, de forma que reducen el sufrimiento de la persona. El biomagnetismo es, por su parte y sin duda alguna, una de las terapias naturales más potentes y que más pueden hacer en este sentido, y en combinación con otras, los resultados pueden ser mucho más notorios, rápidos y profundos, por la gran sinergia que puede crear.

Problemas de ansiedad, insomnio, estrés, depresión…, y todos aquellos trastornos, incluso orgánicos, que de ahí pueden derivarse, pueden mejorar ostensiblemente mediante la aplicación del biomagnetismo terapéutico a la esfera emocional.

No obstante, es fundamental saber diferenciar y valorar la importancia y características reales del trastorno emocional de una persona, teniendo muy claras cuáles son sus causas y limitaciones, para poder tratarlas psicológicamente en su verdadera raíz. Si no, se corre el riesgo de creer que se está tratando y solucionando el problema, cuando en realidad se está tapando, demorando, y lejos de resolverlo, puede ser que con el paso del tiempo sea cada vez más difícil solventarlo.

Por ello, y teniendo en cuenta que por desgracia cada vez hay más personas que sufren trastornos emocionales, resulta de vital importancia aplicar de forma adecuada estas terapias naturales, para prevenir, equilibrar, y favorecer el ineludible trabajo psicológico interno que debe realizar la persona para cambiar y solucionar la verdadera raíz del problema , observándolo desde una perspectiva biopsicosocial.

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Así pues, bajo una supervisión psicológica profesional que garantice que el tratamiento global sea el correcto y adecuado, con la aplicación complementaria y estratégica del biomagnetismo emocional, disponemos de una herramienta terapéutica coadyuvante de primer orden para abordar los trastornos emocionales desde una perspectiva integrativa y holística, y con una mayor capacidad de mejora y resolución.

José María Guillén  Lladó

Psiconaturopatía

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