¿CREES QUE SUFRES ALGÚN TRASTORNO PSICOSOMÁTICO?

Se consideran enfermedades psicosomáticas o trastornos psicosomáticos aquellos problemas de salud o síntomas que se manifiestan de forma física en alguna zona del cuerpo, pero cuya causa principal o factor mantenedor es de origen psicológico.

Muchas personas no saben que nuestra mente, además de poder
producir molestias o alteraciones en la esfera emocional, puede también influir
en la generación, mantenimiento o agravación de síntomas de carácter físico. Dolores
de cabeza, musculares, abdominales, hormigueos, distonías, parálisis, visión
doble, afonías, ahogos, palpitaciones, cansancio, problemas de la piel,
digestivos, diarrea, estreñimiento, problemas hormonales…, son algunos de los
múltiples trastornos que pueden tener un origen psicosomático.

Lógicamente, cuando una persona padece estos síntomas,
debe someterse a las pruebas médicas pertinentes para tratar de detectar su
origen y establecer su tratamiento. Sin embargo, cuando tras las pruebas no se
detecta una causa física o biológica, entonces habrá que pensar en la
posibilidad de un origen psicológico.

Por origen psicológico no hay que pensar necesariamente
en una psicopatología grave, sino que, en la mayoría de los casos, se trata de
problemas de estrés, ansiedad, insomnio, depresión, miedos, inseguridad, baja autoestima,
incomunicación, relación, inadaptación, alta sensibilidad… Es decir, problemas
que, sin ser graves en sí, al no resolverse de forma adecuada, van influyendo
negativamente en la persona hasta el punto de que pueden favorecer la aparición
de todo ese abanico de trastornos y enfermedades físicas antes mencionadas.

No hay datos fidedignos, pero se estima que,
aproximadamente, un 12% de la población sufre estas molestias y problemas, así
como un 25% de las personas que acuden a su médico de atención primaria. Son
unos porcentajes elevadísimos. Son muchas personas que, por lo general, al
estar buscando causas físicas y tratamientos de carácter también físico o biológico,
no estarán tratando adecuadamente sus problemas, y esos se mantendrán.

La influencia de la mente sobre nuestro cuerpo se está
haciendo cada día más evidente gracias a los estudios e investigaciones que se van
realizando. Por eso, al igual que esa influencia puede afectar negativamente,
también puede influir en sentido positivo. Es importante, por consiguiente,
que, si crees que sufres algún trastorno de carácter psicosomático, busques la
ayuda psicológica y emocional adecuada. Primero para tratar de reducir y
reconducir la causa principal, y, en segundo lugar, para optimizar tus recursos
emocionales y psicológicos, de forma que influyan positivamente en tu
recuperación y mejora. Los resultados serán diferentes según cada caso. No hay
nadie igual. Cada persona es un mundo. Sin embargo, hay recuperaciones muy
notables. Si crees que sufres algún trastorno psicosomático te aconsejo
estudiar el caso. Quizás estés sufriendo innecesariamente.

José María Guillén Lladó

Psicólogo Sanitario. Armonización natural mente-cuerpo. 

¿TIENES MIEDOS?

 

Esta imagen es de gran belleza.  Colores fascinantes. Muestra la naturaleza en todo su esplendor. Tranquilidad. Hay quien sentirá su conexión con el universo. La expansión de su espíritu. Trascendencia. Pero también habrá a quien le transmita nostalgia, tristeza, soledad… Alguien puede, incluso, notar miedo o angustia al observar la parte oscura del tronco y las ramas del árbol. Como si éstos fueran a rodearle, a agarrarle. Le puede parecer un árbol amenazante, siniestro, engañoso…

Lo cierto es que nuestra mente es muy diversa y maleable. Cada uno interpreta las cosas a su manera. Podemos configurar nuestra propia realidad, aunque esa realidad sea imaginaria. El poder de la imaginación es muy fuerte. Y el poder del miedo también. Aunque sea un miedo imaginario. En este caso, la oscuridad del árbol, que no es más que el contraluz que se produce al tomar la fotografía, puede llegar a provocar una sensación de miedo.

Tradicionalmente, la oscuridad ha sido siempre una gran generadora de miedo. Especialmente cuando somos niños. Al crecer, lo vamos racionalizando y dándonos cuenta de que, aunque esté oscuro, en realidad no hay por qué temer. Lo vamos superando, aunque siempre puede quedarnos aquel rinconcito de inseguridad ante la oscuridad. Es normal. Paradójicamente, es posible que, en alguna ocasión, hayamos deseado sentir algo de miedo yendo a ver una película de terror. El miedo es, en realidad, un mecanismo adaptativo que posee el ser humano, y muchos animales, necesario para la supervivencia, ya que nos prepara para huir o atacar rápidamente en caso de peligro. Pero, si un miedo permanece mucho tiempo y sin un motivo real, entonces puede convertirse en un problema muy limitante.

Debido a nuestro actual sistema de vida, recibimos diariamente el impacto de múltiples estímulos, tanto positivos como negativos. Esa hiperestimulación nos obliga a procesar continuamente mucha información, y a tener que controlar cada vez más elementos en nuestra vida. El problema aparece cuando parte de esa información, y sus efectos, no los podemos controlar totalmente. Es como si, de repente, naciera una pequeña oscuridad en nuestro interior. Y, tras la oscuridad, aparece el temor. El miedo.

Nos puede preocupar nuestra salud, la de los niños, la de los padres. Ser dependientes. La muerte. Nos puede angustiar perder el trabajo. El no llegar a final de mes. Una reparación inesperada. Podemos estar sufriendo los efectos de la soledad, o ver que, si nada cambia, llegará un día en que no tendremos en quien apoyarnos. Ni con quien hablar. Podemos sentirnos impotentes ante las injusticias que observamos. Indignados ante la corrupción generalizada. Frustrados al ver que el mundo está cada vez peor. Atenazados por la incerteza social. Por la inseguridad. Desmotivados por tanta lucha estéril. Por ilusiones que se han desvanecido con los años… Son tantas las circunstancias que pueden crear oscuridad en nuestro interior, en nuestra consciencia, en nuestra alma…, que la consecuencia lógica es el crecimiento de incertezas, de temores y de miedos.

Aunque los tiempos han cambiado, siempre han existido amenazas. Siempre ha habido una lucha interna por sobrevivir, por vivir dignamente, por conseguir un bienestar, seguridad, por sentirnos felices. Aunque las reglas han cambiado, la lucha continua. Seguimos teniendo esa capacidad para superar los problemas. Pero tenemos que evitar que la oscuridad crezca en nuestro interior y el miedo tome el mando de nuestro pensamiento. Y para que la oscuridad desaparezca, necesitamos luz.

¿Qué busca aquella persona que va a echarse las cartas para saber su futuro? Necesita que le digan que su futuro va a cambiar, que va a mejorar… Aunque no sean más que palabras, busca una luz de esperanza que le ayude a reducir esa oscuridad interior que le angustia. ¿Qué busca aquella persona que pide consejo religioso? Luz espiritual. Consuelo. ¿Qué busca aquella persona que lee un libro de autoayuda? Claridad para disipar sus dudas. Luz para iluminar el camino a seguir. ¿Qué busca aquella persona que acude a un psicólogo o a un coach? Un conocimiento profesional, unos consejos eficaces, que le puedan aportar luz a su oscuridad, eliminar sombras, y encontrar soluciones a sus problemas y sufrimientos.

Pero no todas las oscuridades son iguales. Ni los miedos. Ni tampoco son iguales las soluciones. Lamentablemente, ya sea por desinformación, por vergüenza, por modas, por prejuicios, por soledad, o simplemente por impotencia, muchas personas no afrontan sus problemas, sus miedos, o su oscuridad, de forma adecuada. La consecuencia es que, sus miedos, no solamente persisten, sino que aumentan con el tiempo y, los problemas que acarrean se complican, incluso con graves trastornos de salud.

Ahora piensa un momento. ¿Tienes miedo de que lo que te pueda pasar? ¿Sientes una oscuridad dentro de ti? ¿Sufres porque no controlas tus emociones? Si es así, no infravalores estas señales. Pueden ser importantes. Es tu propia consciencia que te está diciendo que algo no está bien. Que algo debe cambiar. Que debes actuar. Y, por supuesto, es fundamental hacerlo en la forma y en la dirección adecuada. Te puedo decir, desde mi experiencia profesional como psicólogo, que, mediante la aplicación de las distintas técnicas psicológicas que utilizo en consulta, de forma personalizada en cada caso, siempre hay alguna forma de conseguir mejorar los problemas de miedos y fobias. Siempre hay una manera de disipar parte de esa oscuridad que ha ido apagando el brillo de tu luz interior. De tu seguridad. Porque esa luz permanece en ti y hay que recuperarla. Disipar los miedos. Reducir las inseguridades. Recuperar la ilusión. Sentirte más feliz.

 

ONDAS CEREBRALES, ESTRÉS Y BIOMAGNETISMO EMOCIONAL

 

El efecto de los imanes, ¿efecto placebo o efecto real?

Son bastante conocidos los efectos relajantes que puede tener una sesión de biomagnetismo,  sin embargo, puede surgir la duda: ¿se trata de un efecto placebo o sus efectos son reales y medibles? Para aportar luz a esta cuestión realizamos una prueba de análisis y registro electroencefalográfico EEG, bajo la supervisión de un técnico y psicólogo clínico especializado.

El funcionamiento del EEG se basa en que la actividad eléctrica del cerebro, que es la forma que tienen de comunicarse las neuronas, genera unas ondas cerebrales cuya actividad es detectada por el aparato. Cada estado mental o pensamiento es capaz de emitir un tipo de onda diferente en distintas partes del cerebro.

Estas ondas cerebrales se diferencian por su frecuencia, es decir, sus ciclos por segundo, midiéndose en hertz. Pueden ser más lentas o más rápidas. Cuando son más lentas nos sentimos más adormilados, lentos o cansados, mientras que si son más rápidas, nos sentimos más despiertos y en alerta. Existen cinco tipos de ondas cerebrales, delta, theta, alfa, beta y gamma, ordenadas desde más lenta a más rápida.

Cada una de estas ondas tiene unas funciones y unos objetivos diferenciados. Lo habitual es que predomine una onda por encima de las otras en un momento dado, pero todas están presentes y preparadas para cualquier cambio de situación a lo largo del día o de la noche, incluso de forma complementaria. Por ejemplo, al ir a domir, las ondas van bajando su frecuencia de beta a alfa, luego a theta y luego a delta. Al despertar, las ondas cerebrales van incrementando su frecuencia progresivamente hasta llegar a theta, estado en el que puede permanecer unos 15 minutos, que es un tiempo durante el cual la persona experimenta un mayor flujo de ideas, ideas más lúcidas, creativas o elaboradas. Hay quien llega a generar ondas gamma… Luego lo explicamos. Antes, conozcamos algunas de las características de cada onda.

Ondas cerebrales

Las ondas delta son las más lentas y de mayor amplitud, entre 0,1 y 3,99 Hz. Predominan en el sueño profundo (pero sin sueños) y en altos niveles de relajación o meditación. Esenciales para regenerar el Sitema Nervioso Central. Predominantes en los bebés y en los niños pequeños, al envejecer tendemos a producir menos ondas delta, incluso en el sueño profundo. Por eso, el sueño y nuestra capacidad para descansar se van perdiendo con los años, y cada vez son menos reparadores. Pero eso no es todo. También se relacionan con la capacidad de aprendizaje, así como con actividades corporales de las que no somos conscientes, como la regulación del ritmo cardíaco, la digestión y el sistema inmune. Favorecen y cuidan de nuestro sistema inmunitario. De ahí la importancia de aprender a relajarse y generar este tipo de ondas más lentas.

Las ondas theta son algo más rápidas que delta. Van de los 4 a los 7,99 Hz. Se relacionan con el sueño ligero, la reflexión y las capacidades imaginativas o intuitivas, mostrando también una fuerte actividad cuando se experimentan emociones muy profundas, es decir, se produce en procesos cognitivos internos. Podemos sentir su predominancia, por ejemplo, después de realizar un gran esfuerzo que nos ha demandado mucha energía y concentración, momento en el que desconectamos y nos relajamos absolutamente, liberando nuestra imaginación, soñando despiertos y experimentando una calma profunda. También predominan estas ondas en momentos en que nuestra mente se encuentra como en otro sitio, soñando despiertos, desconectados… Una excesiva actividad de estas ondas, no obstante, se podría relacionar con depresión y, por el contrario, una muy baja actividad con problemas de ansiedad y estrés.

Con las ondas alfa (8 a 13,99 Hz) hay calma, tranquilidad, pero no sueño. Hay relajación y también un estado favorable para meditar. Se puede experimentar, por ejemplo, sentados en el sofá mirando la televisión, en la cama descansando, pero sin llegar a dormirse. Incluso manteniendo los ojos cerrados. Hay quien también lo experimenta dando un paseo agradable. Su rango de frecuencia moderada permite que pueda servir de puente entre las ondas theta y beta, favorecer la armonización mente-cuerpo, la calma y la alerta al mismo tiempo. Un exceso de ondas alfa podría provocar problemas para concentrar la atención o sentirse con pocas fuerzas para ejecutar una tarea, mientras que un muy bajo nivel podría cursar con dificultades para relajarse, ansiedad, estrés e insomnio. No obstante, hay que aclarar que puede que en un instante del día nuestra onda alfa tenga una actividad intensa en el lóbulo frontal, lo cual hará que podamos sentir cierta ansiedad y, sin embargo, esta misma onda en el área occipital implicaría un estado óptimo de relajación. Por otra parte, algunos estudios han mostrado asociación entre las bandas alfa y theta y los estados de relajación, meditación y susceptibilidad hipnótica, al verse incrementadas en el estado de relajación profunda.

Con las ondas beta (14 a 29,99 Hz) alcanzamos un nivel de frecuencia más elevado y rápido, producto de una actividad neuronal de mayor intensidad. Corresponde al estado de vigilia, es decir, cuando abrimos los ojos pasamos de ondas alfa a beta, estamos bien despiertos y nuestra atención se fija en procesos cognitivos externos en los que fijamos la atención, como toma de decisiones, resolver problemas o realizar una tarea que requiera nuestra atención, incluyendo cuando estamos pendientes de múltiples estímulos externos al mismo tiempo, permitiéndonos también reaccionar rápidamente ante posibles imprevistos. Un buen nivel de ondas beta ayuda a estar más atentos, a realizar tareas o a resolver problemas. Sin embargo, un exceso puede suponer una sobreactivación neuronal que derive en ansiedad y estrés. Por su parte, un nivel muy bajo puede suponer estar excesivamente relajado, parado, incluso deprimido.

Las ondas gamma (30 a 100 Hz) tienen una frecuencia muy alta y rápida. Se producen en ráfagas cortas. Son un tipo de ondas de la que hasta hace relativamente poco tiempo no se sabía demasiado, ya que resultaba muy difícil captarlas. Hay dos modelos, uno de hiperactividad cuando nos encontramos en una situación de peligro o de alta tensión. Mientras que el otro modelo se aprecia en grandes meditadores expertos en relajación o en personas con alta vulnerabilidad a la hipnosis. Estas ondas se asocian con la asimilación de información nueva y el aprendizaje, así como con nuestros sentidos y percepciones, pero especialmente con tareas con un alto nivel de procesamiento cognitivo y alta resolución. Se observan picos elevados de ciclos de sueño REM, así como en estados de felicidad, de espiritualidad y alta consciencia. Un exceso puede conllevar un estado de estrés y ansiedad, mientras que su baja actividad se puede relacionar con problemas de aprendizaje y depresión. Para incrementar este tipo de ondas se recomienda la meditación.

La prueba con imanes y EEG

Para realizar la prueba se aplicaron los imanes en el cuerpo de una mujer de 59 años. La prueba se subdividió en dos partes de 15 minutos, en las que los imanes se dispusieron de diferente manera. En su cabeza se colocó el casco con los sensores necesarios para detectar el funcionamiento de sus cinco tipos de ondas cerebrales durante todo ese tiempo. Se controlaron los estados de relajación y de actividad de las distintas frecuencias cerebrales como consecuencia de la aplicación de imanes, controlándose especialmente los estados de relajación a través de las ondas alfa y theta, así como los estados de activación e hiperactividad beta y gamma.

En la primera parte de la prueba, se observó una activación gradual de las ondas de frecuencias comprendidas entre 4 y 13, alfa y theta, llegando en el minuto 12 a unos niveles de activación que corresponden a una fase de relajación muy profunda, superior a los niveles que se consideran habituales sin que medie estímulo o intervención que lo provoque.

Para realizar la segunda prueba hemos variado la posición de los imanes. Se observa que la activación de las ondas es más amplia, ya que, a partir del minuto 6, se están activando mucho más las ondas alfa y theta, relacionadas con una relajación profunda, así como beta, relacionada con una mayor claridad de atención y pensamiento, e incluso se activan ráfagas de gamma, relacionadas con una más elevada consciencia interior y nivel relajación.

Los resultados mostraron que una adecuada aplicación de imanes puede producir, al activar las ondas cerebrales, unos efectos de relajación y optimización de las frecuencias cerebrales en pocos minutos, y que, el biomagnetismo emocional, bajo supervisión psicológica, puede ser una técnica coadyuvante de gran utilidad para combatir el estrés y favorecer la generación de estados emocionales más armónicos, que, a su vez, pueden resultar muy beneficiosos en problemas de nerviosismo, ansiedad, insomnio, depresión, etc.

José Mª Guillén LLadó

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¿CUÁNTO HACE QUE NO CANTAS? ES MUY BUENO HACERLO

Quien canta, su mal espanta. O cantar sana el alma. Estos dichos muestran una gran verdad, producto de la sabiduría popular. Aunque cantes mal. Eso es lo de menos.

Entre otras cosas, cantar permite expresar y sacar fuera sentimientos y emociones, deshaciendo nudos y bloqueos que se manifiestan especialmente en la zona estomacal. Puede ayudar a liberar tensiones internas reprimidas, ayudando a sentir mayor bienestar interno… Y, si eres una persona altamente sensible, podrás sentir más intensamente esa energía interna que te conecta con el Universo.

Sabemos que, de determinados estados emocionales alterados, pueden derivarse diversos trastornos o enfermedades psicosomáticas, Y que son aquellas que, manifestándose de forma claramente física, su verdadero origen es psicológico. También sabemos que según nos encontremos anímicamente, nuestro comportamiento puede verse afectado, provocando consecuencias no siempre positivas para nuestro organismo. Por ejemplo, personas que cuando están tristes necesitan comer galletas con chocolate. Si lo hacen durante mucho tiempo y en exceso, las consecuencias negativas pueden ser importantes.

Los beneficios de la música sobre la salud, son ampliamente conocidos por la musicoterapia, que suele aplicarse mediante la escucha de determinadas músicas e instrumentos, provocando diversos efectos: energizantes, motivadores, divertidos, relajantes, melancólicos… Sin embargo, no sólo se puede hacer musicoterapia mediante la escucha, sino que podemos hacerlo fabricando nuestra propia música con un instrumento natural que generalmente todos tenemos disponible: nuestra propia voz. Podemos hacer música cantando. Una musicoterapia muy, muy personal.

No debe extrañarnos nada que las canciones relajantes y tranquilas pueden ayudar a combatir el nerviosismo y el estrés. Por eso, si tenemos en cuenta que las a las personas que sufren de estrés se les suele debilitar el sistema inmunitario, es decir, que bajan sus defensas naturales, podemos entender fácilmente que si combatimos el estrés relajándonos cantando, mejoraremos nuestra salud y alargamos nuestra vida porque reforzamos nuestro sistema inmunitario. El estrés –distrés-, de no ser bien manejado y afrontado, puede provocar grandes problemas de salud con el tiempo, tanto de tipo físico como psíquico.

Las canciones alegres ayudan a combatir las depresiones, pues se generan unas hormonas llamadas endorfinas, llamadas también las hormonas de la felicidad. Si tenéis algún amigo que os lo habéis encontrado cantando en algún momento, ¡seguro que se trata de alguien feliz! ¿Os acordáis de aquella canción que dice: -ay, ay, ay, ay…, canta y no llores, porque cantando se alegran, cielito lindo, los corazones?

Si estáis de mal humor, o tristes, probad a cantar. Veréis cómo se os va el mal rollo. Cantad lo que os salga del corazón. Y cantad sin miedo. No importa desafinar. No importa no tener una gran voz. Lo importante es el sentimiento. Podéis cantar en la ducha, en vuestra habitación, en el coche, o en grupo aún mejor, porque encima nos divertimos.

Algunas canciones nos pueden hacer llorar, aflorando sentimientos dormidos o reprimidos. A veces va bien hacerlo, sacar las penas que llevamos dentro. No os importe emocionaros cuando cantéis, sacad vuestras emociones fuera, dejad que los sonidos, las palabras y los sentimientos surjan libremente. Es bueno hacer limpieza, retomar el contacto con nuestra esencia más profunda, y a partir de ahí empezar a caminar nuevamente con la ilusión y la fuerza de antaño, como si nos hubiéramos sacado un peso de encima.

Hay muchas investigaciones científicas que certifican que cantar puede alejar algunos de nuestros males. Se ha verificado que cantar puede aportar mejoras de muy distintas clases, a niños con problemas de tartamudeo, a personas que han sufrido accidentes cerebrovasculares, potencia la respiración pulmonar y la circulación sanguínea, favoreciendo al corazón y mejorando la oxigenación del cuerpo, repercute positivamente en los músculos abdominales y en el tránsito intestinal, y, por si fuera poco, al oxigenar mejor nuestras células permite mejorar la concentración y la memoria.

También tenemos que tener presente que, aunque no lo veamos con los ojos, nuestro cuerpo está compuesto de energía vibratoria, como todo el Universo. Todo es energía. Cantar armoniza la energía de nuestros chakras, las vibraciones de nuestro organismo, modifica favorablemente nuestras ondas cerebrales y repercute positivamente en todas y cada una de nuestras células y sistemas.

Nuestra voz es un instrumento muy potente y cantar es una terapia que todos podemos utilizar. Hay cada vez un mayor número de médicos que afirman que puede ayudar a curar muchos males y están empezando a recomendar a sus pacientes que canten. Yo también lo recomiendo en muchas ocasiones en mi consulta, ya sea puntualmente o como parte de un programa de armonización de la salud mente-cuerpo. Es indispensable retomar la consciencia sobre nuestras emociones y sentimientos, sobre nuestro cuerpo, sobre nuestras energías autocurativas. Y no importa la edad.

Pregúntate cuánto hace que no cantas. Si hace mucho tiempo puede ser señal de que no todo va bien. Recupera esa sana costumbre. No hace daño a nadie y puede que te ayude a sentirte mejor. Puede ser el primer paso para cambios más profundos.

¿TIENES ALGUNA INTOLERANCIA ALIMENTARIA?

¿QUÉ SON LAS INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS?

Intolerancia alimentaria es un término genérico utilizado para describir reacciones adversas a los alimentos, de origen no tóxico, que puede provocar alteraciones en el equilibrio del organismo, y que en muchos casos puede pasar desapercibida durante años. Se trata de una problemática cada vez más frecuente. Se estima que alrededor de un 30% de la población manifiesta fenómenos relacionados con intolerancia a alimentos, sin saber relacionarlos.

El Subcomité de Reacciones Adversas de la Academia Europea de Alergología e Inmunología Clínica, basándose en los mecanismos implicados más que en las manifestaciones clínicas, clasificó las reacciones no tóxicas a los alimentos en alergia alimentaria, cuando intervienen mecanismos inmunológicos, e intolerancia alimentaria, cuando no media un mecanismo inmunológico. Sin embargo, existe cierto consenso en distinguir y separar las alergias alimentarias clásicas, mediadas por inmunoglobulinas E (IgE), con reacciones rápidas, de las intolerancias alimentarias alérgicas, mucho más lentas, mediadas por inmunoglobulinas G (IgG). Este tipo de tipo de intolerancia, en el que también interviene el sistema inmunológico, es llamado también hipersensibilidad alimentaria.

Para comprender mejor esta clasificación y sus conceptos básicos, en la siguiente imagen se pueden ver enmarcados en rojo, las posibles causas y tipos de intolerancia alimentaria:

Como podemos observar, las intolerancias inmunológicas no mediadas por la inmunoglobulina E (IgE), en las que se produce una sensibilización inmunológica que provoca que el organismo responda de forma anormal a nuevas ingestas del alimento implicado, son sólo una parte de las posibles causas y reacciones de posibles intolerancias, ya que existen otros factores, en los que no intervienen los mecanismos inmunológicos, que también puede provocar problemas: El estrés y la ansiedad pueden favorecer problemas digestivos y metabólicos. Una incorrecta masticación e insalivación que repercutirá la actividad normal del estómago o la acción de las enzimas digestivas. Ingerir alimentos inadecuados para la capacidad metabólica de la persona, puede alterar la correcta asimilación de los nutrientes y eliminación de los desechos, de forma que entren en la sangre toxinas con efectos perjudiciales. El exceso de fármacos también puede afectar a la digestión y favorecer alteraciones intestinales. Aditivos, conservantes…, también pueden resultar muy perjudiciales. Minerales que no se asimilan ni se eliminan correctamente…

Si esos factores persisten durante largo tiempo sin corregirse, el sistema inmunológico puede acabar generando inmunoglobulinas G, por lo general después de que fracase la acción primaria de las inmunoglobulinas A, de acción más local, pudiendo favorecer, a medio o largo plazo, las condiciones necesarias para la aparición de enfermedades metabólicas, reacciones de carácter autoinmune y también de tipo degenerativo.

 

LA IMPORTANCIA DE DETECTAR LAS INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS

La detección de aquellos alimentos que, por una razón u otra, no son bien tolerados o metabolizados por el organismo de una persona, y la consecuente restricción de su alimentación, pueden ser de grandísimo utilidad para prevenir muchos problemas y para mejorar algunos de los trastornos que no responden a tratamientos habituales.

Por lo general, las intolerancias alimentarias se revelan como una problemática susceptible de modificarse y mejorarse si se realizan los cambios alimentarios adecuados, así como favoreciendo y equilibrando el estado del sistema digestivo y nervioso de la persona.

La experiencia ha mostrado no solo mejoras importantes en problemáticas de tipo gastrointestinal (hinchazón abdominal, flatulencias, digestiones pesadas, inflamación intestinal, síndrome de colon irritable, diarreas, estreñimiento crónico…), sino también en mejoras significativas en alteraciones dermatológicas (acné, dermatitis, eczema, psoriasis, urticaria…), en dificultades respiratorias (rinitis, asma…), en problemas articulares (inflamación, dolores, artritis, artrosis, fatiga, fibromialgia…), en molestias neurológicas (dolor de cabeza, migraña, insomnio, mareo, náusea, vértigo…), o en trastornos psicológicos y emocionales (ansiedad, depresión, falta de energía…).

También puede resultar útil esa restricción y la adecuación de la alimentación a las características biofuncionales de la persona, en algunos casos de sobrepeso, retención de líquidos y obesidad, incluso en personas que no responden a las habituales dietas de adelgazamiento hipocalóricas o disociadas, ya que en muchos de estos casos el sistema inmunológico puede estar actuando intentando neutralizar los efectos perjudiciales de ciertos alimentos mal metabolizados, formando inmunocomplejos que provocan retenciones hídricas y lipídicas, de forma que favorece situaciones de edema, especialmente a nivel extracelular, aumentando la presión coloidosmótica del plasma sanguíneo y disminuyendo el filtrado y la eliminación de líquidos, así como dificultades para controlar el peso.

TEST DE INTOLERANCIAS ALIMENTARIAS

Para detectar las posibles intolerancias alimentarias utilizamos el test por bioelectro-resonancia, un método útil y práctico para aquellas personas que desean conocer qué alimentos le sientan mal. Es un sistema electrocutáneo inocuo, basado en la biorresonancia y la electropuntura, rápido, no invasivo e indoloro, que nos aporta información sobre más de 200 alimentos, y a diferencia de los análisis de sangre, que sólo detectan los anticuerpos IgG (de origen inmunológico), este método proporciona resultados más amplios dado que, como se ha descrito en la imagen de más arriba, muchas intolerancias son promovidas por causas biofuncionales no inmunológicas.

Su función es orientativa y proporciona valiosa información para la propia persona afectada o para el profesional de la nutrición, pudiendo usarse como prediagnóstico para proporcionar una sospecha de intolerancia alimentaria y su posterior valoración por el profesional de la nutrición o sanitario. Por eso, si bien este método no puede sustituir las pruebas diagnósticas y clínicas necesarias, sí puede ayudar a aportar información útil que facilite la mejora o posible solución a los problemas.

Puede ser muy importante averiguar las posibles intolerancias alimentarias para prevenir enfermedades graves y asegurarse una mejor calidad de vida, facilitando así la implementación de un régimen alimenticio adaptado a las necesidades y capacidades de cada uno, al tiempo que sea más sano, equilibrado y natural.

Cuando realizamos un test de intolerancias alimentarias y obtenemos esa valiosa información, no deberíamos contentarnos con conocer al alimento “enemigo”, sino que podemos aprovecharlo para iniciar un cambio importante en la forma de entender nuestra alimentación, comprendiendo bien las consecuencias que acarrea a nuestra salud, y asegurarnos, así, una mejor prevención, calidad de vida y bienestar. Por ello le brindamos todo nuestro apoyo y consejo profesional para estimularle a seguir mejorando, recomendándole visitas de seguimiento y ajuste que le facilitarán una mejor y más fácil consecución de sus objetivos.

 

CONSEJOS Y PRECAUCIONES

Para una correcta realización de la prueba se deben tener en consideración las siguientes precauciones y recomendaciones:

-La toma de algunos medicamentos, complementos alimenticios, etc., pueden influir en los resultados.

-Los elementos metálicos pueden provocar alteración o interferencias con el equipo, por lo que se aconseja no levar PULSERAS, RELOJ, ANILLOS O PIERCING durante su realización.

– No es conveniente realizar el test en persona con tratamientos de quimioterapia o que lleven marcapasos o DAI.

-Es necesario que para una correcta lectura el paciente este bien hidratado, para ello se recomienda beber entre 250 y 500 ml de agua media hora antes de realizar el test.

– Es conveniente no realizar la prueba inmediatamente después de comer, es necesario al menos esperar unas 2 horas.

– En caso de estar tomando protectores estomacales, dejar de tomarlos si es posible, 48 horas.

 

PREGUNTAS MÁS HABITUALES

  • ¿Cómo se hace la prueba? – Mediante unos electrodos que se toman uno en una mano, y el otro se coloca sobre un punto de acupuntura del dedo índice de la otra mano. Se hacen pasar unos impulsos eléctricos totalmente imperceptibles para la persona a través del meridiano de acupuntura de Intestino Grueso, y se va recogiendo la respuesta obtenida que se vuelca en el ordenador. Al finalizar la prueba se lista el resultado de todos los alimentos y se explican e interpretan los resultados. No hay molestia alguna para la persona. Es un sistema no invasivo.
  • ¿A partir de qué edad se puede hacer el test? – A partir de los 3 años. La dificultad estriba solamente en que el niño debe mantener la mano inmóvil durante cuatro minutos.
  • ¿Hace daño? – No. No se pincha ni hace daño. Es un sistema totalmente indoloro.
  • ¿Debo estar en ayunas? – No, pero tiene que hacer como mínimo 2 horas desde la última comida. Puede beber agua.
  • ¿Qué diferencia hay con el análisis de sangre? – En el análisis de sangre se buscan anticuerpos mediados por la inmunoglobulina G  (IgG), como reacción ante un alimento ingerido. En el test de bioelectro-resonancia, sin embargo, no se buscan estos anticuerpos, sino la resonancia del sistema digestivo e intestinal ante el estímulo energético de cada alimento testado, háyase ingerido o no, y haya provocado o no una reacción de tipo inmunológico.
  • ¿Todas las intolerancias tiene un origen inmunológico? – No. Puede haber intolerancias que tengan su origen en el estrés, en la ansiedad de la persona, en comer deprisa, en carencias de enzimas digestivos, en problemas fisiológicos o patológicos del sistema digestivo, en alteraciones de la acidez estomacal o intestinal, en la toma de fármacos, en la ingesta de aditivos y conservantes, en insuficiencias digestivas, en alteraciones de la flora intestinal y la permeabilidad de los intestinos… Además, pueden solaparse varias de estas causas al mismo tiempo.
  • ¿Es lo mismo las intolerancias que las alergias? – No. Las alergias tienen una acción rápida que se produce cuando un alérgeno (generalmente una proteína específica de un alimento) es capaz de desencadenar una reacción alérgica importante y grave al provocar la intervención inmediata del sistema inmunológico, generando anticuerpos del tipo inmunoglobulinas E (IgE) que lo identifican como sustancia extraña y perjudicial. Sin embargo, en las intolerancias alimentarias en la que interviene el sistema inmunológico, llamadas también hipersensibilidad alimentaria, lo hace mediante las inmunoglobulinas G (IgG), que tiene una acción retardada y no tan evidente como en las alergias, pudiendo pasar incluso desapercibida durante mucho tiempo.
  • ¿Las intolerancias son para siempre? – No necesariamente. Si se modifica la alimentación mediante la restricción de aquellos alimentos que provocan problemas, disminuirán éstos. Pero si además se modifican las causas que promueven la intolerancia, es probable que con el tiempo se mejore la capacidad metabólica de la persona y su grado de bienestar. Es importante adecuar y armonizar la alimentación de la persona con su estado individual y capacidad digestiva. Cuanto antes hagamos la corrección, más problemas nos evitaremos.
  • ¿Se pueden tener muchas intolerancias al mismo tiempo? – Cuando se tiene problemas con muchos alimentos, más que intolerancias en el sentido de que los alimentos “provocan” los problemas, sería más apropiado decir que es el sistema digestivo y metabólico de la persona los que, debido a una incapacidad metabólica temporal, favorecen que muchos alimentos no sean correctamente digeridos o metabolizados. Por eso es fundamental saber qué está causando esos problemas, e intentar corregirlo.
  • ¿Perdemos capacidad digestiva con los años? – Efectivamente. Nuestro cuerpo envejece y pierde facultades. También nuestro sistema digestivo. Además, nuestras necesidades nutritivas cambian con los años, por eso es necesario adecuar la alimentación a nuestra edad y nuestras condiciones actuales.
  • ¿Se pueden prevenir las intolerancias alimentarias? – Sí. En el test por bioelectro-resonancia, además de aquellos alimentos que conllevan problemas para la persona, se señalan aquellos alimentos con pre-intolerancia. Moderando su consumo se puede prevenir problemas posteriores que se manifestarían si se comiera mucho de esos alimentos.
  • ¿Entonces, es importante hacerse el test? – Muy importante, porque se sabe que una alimentación inadecuada puede ser la base de la mayoría de enfermedades y trastornos metabólicos, autoinmunes y degenerativos. La detección de los alimentos que por una razón u otra, no son bien tolerados o metabolizados, y una consiguiente restricción de los mismos, puede ser de gran utilidad para prevenir muchos problemas y para mejorar algunos de los trastornos que no responden a tratamientos habituales.
  • ¿Esta prueba sirve de diagnóstico médico? – No. Es una prueba alternativa de carácter orientativo, que proporciona valiosa información tanto para la persona afectada como para el profesional de la nutrición, pudiendo usarse como pre-diagnóstico para proporcionar una sospecha de intolerancia alimentaria, y su posterior valoración por el médico o sanitario especialista. Este método no puede sustituir las pruebas diagnósticas y clínicas específicas que sean necesarias, pero sí puede ayudar a tener una idea aproximada de sus problemas, facilitando y ayudando a una posible solución o mejora.
  • ¿Aparte del listado de alimentos, me dan más información? – Efectivamente. Se le proporciona la información suficiente para una correcta interpretación, así como consejos alimentarios adaptados para modificar y mejorar su alimentación. De forma totalmente personalizada, se le aconsejará también sobre aquellos suplementos dietéticos que puedan ayudarle a optimizar los cambios, e incluso se tendrán en cuenta aquellos aspectos relacionados con la esfera emocional, capaces de afectar psicosomáticamente a procesos digestivos y metabólicos.

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