Mantener el peso cuesta, pues engordar es fácil. En cambio, perderlo es, en muchas ocasiones difícil y en otras casi imposible. Por eso cada vez existe más sobrepeso en la población, apareciendo además, en edades más tempranas. Y no solamente sobrepeso u obesidad, sino también importantes trastornos metabólicos derivados, que acarrean graves problemas de salud y que han venido a llamarse enfermedades del bienestar o enfermedades de la abundancia.

En contra de lo que cabría esperar del progreso, en lugar de comer mejor se come peor, y en lugar de hacer una vida más sana y natural se hace lo contrario, poco ejercicio, viviendo rodeados de estímulos-trampa que provocan emociones y comportamientos que dificultan la práctica diaria de unos hábitos alimenticios armónicos y equilibrados. Se ha comprobado cómo antiguas poblaciones que conservaban sus costumbres ancestrales y mantenían unos niveles de salud envidiables, al adoptar las costumbres alimenticias occidentales han pasado a padecer las “enfermedades del bienestar”. A engordar y a ponerse enfermos.

Los paladares se han pervertido. La ansiedad se disfraza de hambre. El dulce la aplaca, pero la estimulamos de mil maneras. Estrés, responsabilidades falta de tiempo… Excesivos objetivos y exigencias que no podemos satisfacer. Nos ponemos en modo sobrepeso. Y ahí empieza la lucha contra los kilos. “Nuestros kilos”. La lucha contra nuestros deseos. Contra nuestra comodidad y nuestras costumbres. Contra nosotros mismos y también contra los demás, contra lo que nos rodea y nos incita a tener pensamientos, impulsos y comportamientos que no nos convienen. Por eso, en demasiadas ocasiones, adelgazar se convierte en un trance desagradable, duro de atravesar y difícil de conseguir, por las privaciones y esfuerzos que supone, y por la sensación de que es un castigo en el que la persona no sabe bien si sentirse víctima o culpable. O las dos cosas a la vez.

entradaArmonización

Es harto conocido que hacer dieta durante largo tiempo suele ser cansado y difícil, especialmente porque conlleva esa sensación de privación y castigo, de lucha desigual. Al cabo de un tiempo vuelves a estar como estabas, con la obligación de asumir un nuevo fracaso…, y con mayor desmotivación para volver a intentarlo. Sin embargo, nuestra capacidad de aprendizaje, de cambio y de superación, no tiene límites. ¿Por qué no lo aprovechamos?

Salvo contadísimas excepciones, quienes siguen un estilo de vida verdaderamente sano, equilibrado y natural, y realizan ejercicio físico de forma regular, adaptado de sus posibilidades, difícilmente sufren de sobrepeso ú obesidad. Si ya llevamos esta carga a cuestas, entonces el adelgazamiento debe llegar como resultado lógico del cambio de la persona, adaptando los hábitos alimentarios a las necesidades reales y como premio a la adopción de una filosofía de vida más natural y armónica, mejora de la gestión emocional, mayor seguridad y autoestima, que se podrá seguir y mantener indefinidamente y sin esfuerzo.

Debemos modificar aquellos pensamientos y emociones que limitan nuestro comportamiento y que nos hace prisioneros de la comida. El Coaching Nutricional nos apoyará y ayudará a encontrar la fuerza y la motivación necesaria para el cambio definitivo. Aportará soluciones a los problemas que se presenten. Además, las técnicas psicológicas pueden también ayudar a resolver aquellos casos en los que exista una mayor dificultad emocional.

Otro aspecto importante para tener éxito es conocer si tenemos alguna intolerancia alimentaria que dificulte el adelgazamiento. Quizás haya algún alimento de nuestra dieta que no asimilamos ni eliminamos correctamente, y que puede estar dificultando el adelgazamiento, o contribuyendo claramente al sobrepeso u obesidad, sin que lo sepamos.

Nuestro sistema de Armonización Natural del Peso, se basa en una metodología profesionalmente contrastada que, en lugar de buscar la reducción rápida del peso directamente mediante la privación de calorías y nutrientes, busca el cambio armónico y gradual de los hábitos alimentarios y de la relación emocional con la comida. Es la propia persona la que escoge qué comer, aplicando modificaciones en su alimentación habitual, y limitando solamente aquellos alimentos que son más perjudiciales. De esta forma, paulatinamente y sin grandes esfuerzos, se van variando las pautas y las costumbres respecto a los alimentos y los menús habituales. Con modificaciones estratégicas, pero perfectamente asumibles por la persona. Sin competir con el tiempo, sino dejando que el sea el propio cuerpo el que reorganiza su metabolismo, se pasa a dominar el hambre y la comida, y ya no es el hambre y la comida quien domina a la persona. De esta forma, los resultados se van consolidando. Resulta más efectivo, a la larga, naturalizar y equilibrar los hábitos de salud de tal forma que el adelgazamiento llegue de forma natural… y para siempre.