La Adolescencia y sus Ritmos

El mismo flujo de vida que corre, por mis venas día y noche, corre por el mundo y danza con un movimiento rítmico.

RABINDRANATH TAGORE

Dibujo

La adolescencia comprende diferentes etapas, la adolescencia primaria (11-14 años), la adolescencia mediana (15-18 años) y la llamada tardía o “juventud” (18-20 años). Todas ellas son muy importantes como periodos de transición entre la infancia y la edad adulta y en todas ellas se experimentan importantes cambios físicos y emocionales que afectan a la manera de relacionarse y entender el mundo.

¿Conoces tu cuerpo?

¿Conoces tu respiración?

¿Conoces tu postura?

Estas son algunas preguntas que podemos hacer a un adolescente. La respuesta no es nada fácil, ya que el desarrollo no es por igual en todo el cuerpo y, estas modificaciones, hacen sentir a los jóvenes que están estrenando cuerpo.

Según Françoise Dolto en su libro “La imagen inconsciente del cuerpo”:

Si, en principio, el esquema corporal es el mismo para todos los individuos (de una misma edad o viviendo bajo un mismo clima, poco más o menos) de la especie humana, la imagen del cuerpo, por el contrario es propia de cada uno: está ligada al sujeto y a su historia.

La imagen del cuerpo es la síntesis viva de nuestras experiencias emocionales.

Así pues, una evolución sana en la infancia y en la adolescencia, simbolizada por una imagen del cuerpo no invalidada depende, de una parte, de la relación emocional de los padres con su persona, y de otra parte a la influencia que los medios de comunicación y la publicidad tienen sobre los adolescentes. La imagen corporal adquiere tanta importancia que incluso teniendo un aspecto físico correcto pueden sentirse inseguros.

En esta etapa, esperan obtener una respuesta satisfactoria por parte de los padres y tutores, de su entorno más próximo y, si esto es así, podemos ayudar a nuestros hijos a reconocer y aceptar mejor sus cuerpos y sus sentimientos hacia ellos.

Todos necesitamos en mayor o menor medida mejorar nuestra toma de conciencia corporal. La persona siempre necesita fuerza y apoyo para afrontar cualquier cambio y, el adolescente, en esta etapa como en otras de la vida, tiene derecho a sentir sus emociones, creatividad y a utilizar y desarrollar sus poderes intuitivos. Además de ser reconocido enteramente como hijo también en situaciones adversas y ser considerado como un ser humano de pleno derecho incluso en sus etapas críticas.

Adolescente apoyado en arbol

Todos sabemos del efecto devastador en la persona de la carencia afectiva. Si ayudamos a nuestros adolescentes a sentir y a liberar su ilimitado potencial, seguro que ya están teniendo su éxito en la vida. Ese es un éxito que no se consigue en ningún otro lugar y que no tiene diplomas acreditativos.

A través del contacto con otros, el adolescente puede lograr una mayor apertura para integrar su cuerpo-mente y, dentro de esa área de experimentación, recibir un masaje en la musculatura contracturada es delicioso y relajante. Le ayudará a reconocerse, familiarizarse y ser más paciente con su nuevo aspecto físico, a la vez que le calmará y tranquilizará.

Uno de los mayores placeres que podemos es sentir que hemos procurado hacerlo lo mejor posible con nuestros jóvenes.

Una mirada natural a la Fibromalgia

Mirarla abiertamente, con naturalidad, y también desde la profundidad de nuestra alma, puede ayudarnos a comprenderla mejor y conseguir reducir sus efectos y consecuencias.

Dolor en los músculos, ligamentos y tendones, cansancio crónico, adormecimiento de extremidades, incapacidad para conciliar el sueño, problemas de concentración, dolor de cabeza, dolor de cuello o mandíbulas, problemas de respiración, problemas digestivos, estreñimiento alternado con diarreas, manchas o picores en la piel, sensación de mala circulación, hinchazón corporal, hipersensibilidad a la luz, dolor al realizar el acto sexual, necesidad constante de orinar, depresión, ansiedad, angustia… Una persona con fibromialgia sufre muchos de estos problemas simultáneamente, en función de sus particularidades individuales, provocándole gran limitación y sufrimiento.

La fibromialgia, una enfermedad reconocida como reumática por la OMS desde el año 1992, sería, simbólicamente hablando, fruto de una larga y desigual lucha interna de nuestro organismo, en la que unas fuerzas inferiores resisten contra un enemigo superior, esperando que lleguen unos refuerzos que no llegan… Una resistencia llevada al límite. El dolor generalizado que se siente, es una señal desesperada del organismo que está gritando basta contra algo que lo está perjudicando traidora e insidiosamente. Una lucha contra un enemigo invisible, pero real. Más, ¿quién es o quiénes son este enemigo invisible?

Se desconoce el origen de la fibromialgia, aunque existe gran consenso en considerar que es multifactorial. Suele definirse como un síndrome psiconeuroinmunoendocrino. Esto significa que hay una multiplicidad, tanto de síntomas como de posibles causas, solapándose e influyéndose entre ellas. Consecuente, y obligatoriamente, su tratamiento deberá abordar dicho abanico de factores, tanto físicos como mentales, procurando no añadir aún más efectos secundarios a una situación y aun terreno que, de por sí, ya son suficientemente problemáticos.

La percepción de dolor se encuentra alterada e incrementada hasta límites insospechados. Ello nos obliga a una reflexión previa: ¿Qué es el dolor y qué significa? En general, y de forma concisa, se considera que el dolor es una señal de alarma desagradable y molesta que experimenta la persona mediante su sistema nervioso, cuando en una zona de su organismo existe una situación que puede provocar una lesión. Por ello, básica y fisiológicamente, el dolor promueve una inmovilización zonal con funciones protectoras. Si desaparece la situación que lo provoca, desaparece el dolor. Por lo tanto, el dolor en sí mismo, no es el origen del problema, sino una consecuencia, aunque por el gran sufrimiento que puede llegar a provocar en algunos casos en los que no se corrigen los factores que lo originan, se cronifica y aumenta hasta tal punto que se puede convertir en el síntoma principal, como suele ocurrir en la fibromialgia, en la que la percepción del dolor puede ser casi constante y en niveles por encima de los que se pueden considerar “normales”.

En la fibromialgia existe una alteración que hace que se perciban como dolorosos estímulos que no lo son habitualmente. Además, la intensidad del dolor varía en función de la hora del día, de los cambios climáticos, del esfuerzo físico y nivel de actividad, de la falta de sueño, de los cambios hormonales, del nivel de ansiedad, del estrés… Esta varianza nos muestra la existencia de mecanismos fisiológicos y naturales más allá de los calmantes y analgésicos –administrados siempre bajo prescripción médica-, que pueden influir en la sintomatología y el transcurso de la enfermedad. Tenemos por consiguiente, que aprender a controlar aquellos mecanismos que en mayor o menor medida dependen de nosotros, para convertirlos en aliados y nos ayuden a regular la respuesta a determinados estímulos.

El estrés, la ansiedad o la depresión, por ejemplo, son factores agravantes de primer orden que deben controlarse, no solamente con fármacos cuando es absolutamente necesario o mediante suplementos naturales que no comporten efectos secundarios, sino también con medidas psicológicas adecuadas para favorecer el cambio positivo a largo plazo. La forma de afrontar y resolver los problemas que se presentan en el día a día es fundamental para reducir sus consecuencias negativas o evitarlas. El ánimo con el que encaramos la vida, marca nuestro devenir. Hay que mantener la autoestima. Quien sufre fibromialgia, debe necesariamente cambiar y mejorar su estilo de gestión emocional.

La excesiva preocupación por pequeños –o grandes- problemas, también está en la raíz del proceso de formación y agravación de los síntomas fibromiálgicos. Se debe pasar a valorar más las cosas buenas que tenemos y no dar tantas vueltas a problemas que no tienen tanta importancia real, pero que sin querer e innecesariamente, pueden llegar a angustiar a la persona. Tampoco hay que perseguir la perfección ni exigirse más obligaciones de las que sean razonablemente asumibles. Es necesario organizarse y planificar bien las tareas para poder hacerlas sin mayor esfuerzo y sin estresarse, aprendiendo si es necesario, a decir “no” sin sentirse culpable ante aquellas exigencias que suponen un esfuerzo inasumible. Conseguir un ambiente familiar más relajado, con menos exigencias y problemas constantes, es un objetivo fundamental.

Tener un buen y reparador sueño nocturno es crucial. Un buen colchón, ni demasiado duro ni demasiado blando, una temperatura ambiente agradable, oscuridad sin ruidos en el dormitorio, cenas ligeras, evitar tomar sustancias y bebidas estimulantes como el café, té o alcohol, tomar una infusión o un baño caliente con aceites esenciales para relajarse antes de acostarse, son todos ellos detalles básicos que pueden ayudar a conseguir un mejor descanso, reduciendo la sensación de cansancio por las mañanas y ayudando a una mejor renovación y mantenimiento cerebral y muscular.

Escuchar música tranquila, pensar en cosas agradables o realizar pequeños ejercicios de respiración relajante durante el día, pueden ayudar a bajar el umbral de excitación nerviosa acumulada y por lo tanto, permitir la reducción de la percepción del dolor, así como a combatir el insomnio.

Se ha comprobado que aquellas personas con fibromialgia que dejan el trabajo o suspenden todas sus actividades, se suelen encontrar peor que las que continúan activas. Así que es bueno buscar la realización de actividades que le permitan sentirse útil y activo, y no rendirse. Es necesario realizar diariamente ejercicio físico adaptado para reforzar la musculatura, evitando sin embargo, que esté por encima de la capacidad física del enfermo y le fatigue. Caminar, nadar o bailar, son actividades sumamente positivas y beneficiosas. También lo son el yoga, el quiromasaje, la rehabilitación fisioterapéutica, acupuntura, ozonoterapia, así como técnicas electromagnéticas de última generación que están ayudando, en su conjunto, a conseguir mejoras apreciables.

Se ha detectado en los enfermos de fibromialgia, niveles bajos de algunas sustancias importantes en la regulación del dolor, especialmente de la serotonina, un neurotransmisor que entre otras funciones, es responsable de nuestro estado anímico. También se les ha detectado, en su sistema nervioso, un aumento de la sustancia productora de dolor llamada sustancia P. Aunque existen fármacos que pueden ayudar a controlar estas sustancias y neurotransmisores, también podemos encontrar ayudas naturales que pueden contribuir a una mejor modulación, como por ejemplo los ácidos grasos poliinsaturados omega-3, cuyos beneficios han sido demostrados en numerosísimas investigaciones científicas. Tenemos recursos que pueden ayudar a que nuestro cerebro genere endorfinas –las llamadas hormonas de la felicidad-. Disponemos también de ayudas nutritivas ricas en triptófano –precursor de la serotonina-, en calcio, magnesio, silicio, selenio, vitamina C o vitaminas del grupo B entre las más importantes, así como de otros elementos vitales e indispensables, presentes en una alimentación sana, completa y natural, especialmente fruta y verdura ricos en antioxidantes –estas personas suelen presentar un incremento de los radicales libres-, preferentemente de cultivo ecológico, libre de insecticidas y aditivos químicos, o en forma de suplementos nutricionales ortomoleculares u oligoelementos, para aquellas personas que lo necesiten, y cuya indicación deberá estar siempre supervisada por un profesional de la salud.

Es muy aconsejable que la persona enferma de fibromialgia controle su peso, evite comidas copiosas y excesivas, así como la ingesta de azúcar y sus derivados, pastelería, cereales refinados, embutidos, alimentos fritos y grasas saturadas, que le perjudican de sobremanera. Finalmente, hay que procurar evitar la exposición a sustancias tóxicas, ya sea al tabaco, que reduce todavía más la baja oxigenación muscular que suele haber en esta enfermedad, como a las contenidas en múltiples productos domésticos e industriales, que aunque sea en mínima proporción, sus efectos acumulativos pueden ser más perjudiciales para estas personas debido a la alteración de su sistema inmunológico que las hace más sensibles a sus efectos a largo plazo.

Afrontar esta enfermedad requiere comprenderla y mirarla sin miedo, viéndola de forma holística e integral. El enfermo deberá saber que tendrá el dolor siempre al acecho, dispuesto a saltar al menor descuido. Por ello, será imprescindible que pase de ser un simple paciente –ente pasivo-, a ser un agente activo de su salud, con una actitud positiva y llena de constancia durante el resto de su vida. Esta actitud positiva, si pasa a formar parte de un nuevo y más armónico estilo de vida, le comportará no solamente poder combatir la enfermedad, sino obtener, además, los beneficios globales a largo plazo inherentes a una persona que cuida su estado de salud general. Aumentar el autoconocimiento sobre la enfermedad, reconocer los errores en sus hábitos diarios, buscar y controlar el equilibrio emocional, aprender a relajarse y meditar, así como una alimentación sana y equilibrada, son las principales claves.

No obstante, este proceso, llevado de forma individual, no es nada fácil, por lo que es imprescindible pedir el apoyo y el consejo de un profesional de la salud cualificado.

La Integración Psicocorporal (y 2)

Como continuación del anterior artículo sobre la Integración Psicocorporal, el sistema psicoterapéutico creado y estructurado por Marc Costa, psicólogo y psicoterapeuta, y con el fin de obtener una visión más amplia sobre las características y propiedades de este sistema, nos centraremos en esta ocasión en las palabras de María Durán, psicoterapeuta corporal.

Nos dice María Durán en su web:
Mi trabajo se fundamenta en la teoría y la práctica de La Escuela de Integración Psicocorporal.
La integración psicocorporal concibe a la persona como un “todo integrado” donde cuerpo, mente y emoción son una unidad y una única realidad.

Muy a menudo vivimos de forma separada cuerpo, mente y emoción provocándonos malestar, síntomas corporales (tensión, rigidez, dolor, enfermedad…), síntomas mentales (paranoia, obsesión, exigencia, autocrítica…) y síntomas emocionales (angustia, euforia, tristeza, miedo, rabia…) que muchas veces no relacionamos entre sí. Esto condiciona nuestra capacidad de funcionamiento, e intentando no sentir el dolor que comporta tampoco sentimos el placer. Así construimos una coraza con la cual nos relacionamos y de la que no nos es fácil salir.

Por eso la psicoterapia tiene como objetivo la recuperación de esta unidad. Se trata de recobrar la conciencia, tanto de los bloqueos corporales y energéticos como de los conflictos inconscientes, muchos de ellos con orígenes pre y perinatales, y liberar de forma integra cuerpo – mente, consiguiendo saber quién somos, que sentimos y que nos pasa, haciendo resurgir nuestras capacidades y el impulso de vida que todos llevamos dentro. El trabajo del terapeuta es acompañar en este proceso de hacer resurgir la conciencia perdida, respetando el ritmo y la expresión psicosomática de la persona.

La relación terapéutica toma importancia porque a través de ella se puede ver como uno se relaciona con los otros desde un patrón histórico y a la vez se va construyendo una nueva posibilidad de relacionarse. Esto permite poder reparar y vivir las relaciones personales desde un lugar más de acuerdo con uno mismo.

El terapeuta no hará interpretaciones porque las vivencias de cada persona son únicas y no pueden ser interpretadas como generalidades, que nada tienen que ver con el proceso del individuo, que es el único capacitado para conocer y solucionar su propia historia.

Alzheimer: podemos hacer más para prevenir

Cada año por estas fechas se celebran actos alrededor del Día Mundial del Alzheimer. Y cada año renovamos nuestras esperanzas de que se descubra el remedio o remedios para tan terrible enfermedad. Sin embargo, se puede hacer algo más al respecto: intentar prevenirla de forma natural.

Alguien argumentará que no se puede prevenir, pero eso no es cierto más que en parte, de la misma manera que también se puede prevenir el cáncer u otras enfermedades autoinmunes o degenerativas. No en todos los casos, por supuesto. Aunque solamente se pudiera prevenir o mejorar una pequeña parte de ese inmenso sufrimiento, ya valdría la pena intentarlo. Para ello, debemos informarnos bien y conocer esa enfermedad. Mirarle a la cara y decirle: -voy a luchar por mi vida. Y voy a empezar ahora.

Por eso es tan importante adoptar esa actitud decidida y activa, de colaboración y de solidaridad, que se transmite por estas fechas a través de los innumerables actos colectivos que se celebran. Porque no hacer nada es dejar que venza la enfermedad. No hacer nada es no amar, y amar requiere voluntad y sacrificio.

Os dejo el enlace a un artículo mío que publicó la revista Vida Natural el pasado año, sobre la PREVENCIÓN NATURAL DEL AZLHEIMER, para aquellos que os pueda interesar este tema. Espero que os resulte interesante y útil.

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