Entre las distintas técnicas que, por su innegable interés y utilidad, iremos comentando en nuestro blog, se encuentra la Integración Psicocorporal. Es un sistema psicoterapéutico creado y estructurado por Marc Costa, psicólogo y psicoterapeuta, cuyos antecedentes históricos se remontan a los planteamientos dinámicos de S. Freud
y la visión caracterológica y energética de W. Reich, referencia indispensable para las terapias psico-corporales de carácter profundo.

Según la Escola de Teràpia d’Integració Psico-corporal, la Integración Psico-corporal es una nueva psicoterapia fundamentada en el paradigma vanguardista de la biología evolucionista sistémico-ecológica. Se basa en una relación terapéutica humana e implicada, una elaboración cognitiva no-interpretativa, un acceso natural y espontáneo al nivel instintivo-emocional y una búsqueda persistente de la sincronía entre todos los niveles del aparato psico-emocional-somático. Su objetivo es llegar al núcleo de los conflictos, (su patrón de organización) y crear allí un nuevo registro positivo que repare el daño biográfico y ayude a transformar e integrar la personalidad del individuo.

Brigitte Burchartz, terapeuta psico-corporal, nos da su versión en el segundo tomo de la colección Secretos para una Salud Superior promovida por nuestro colaborador en Sant Pau Centre Terapèutic, José María Guillén: Siempre me ha parecido muy difícil poder transmitir qué es la Integración Psico-Corporal y cómo trabajo. Es tan difícil porque todas las personas somos únicas y, por ello, cada proceso terapéutico es distinto. Es algo que realmente no se puede explicar con palabras, sino que se tiene que vivir y experimentar. Así que lo mejor será que te sitúe en la sala de terapia. Es un espacio amplio, con muchos cojines y con uno o dos colchones en el suelo. No trabajo ni con camilla, diván o mesa de escritorio o sillas. No hay nada en la sala que pueda limitar el movimiento. De hecho, las personas que acuden a terapia pueden hacer, decir y expresar absolutamente todo lo que quieran con total libertad. El respeto profundo hacia la persona es uno de los fundamentos de esta psicoterapia. No se juzga ni se interpreta nada de lo que hace el paciente, ni se dan consejos o soluciones. Ningún terapeuta puede saber por qué una persona es como es o hace lo que hace. Sólo la misma persona lo puede saber. Si confío en la fuerza de la vida, sé que todos los seres humanos tienen la clave para encontrar las mejores soluciones para ellos mismos y lo que es bueno para mí, no necesariamente le tiene que servir a otra persona. Si una persona acude por su propia decisión a terapia, es porque está realmente motivada para volver a encontrarse a sí misma y porque debe sentir algo de esa fuerza vital en su interior. Mi tarea es acompañarla en ese proceso de reencuentro, apoyarla y, si se da la ocasión, ayudarle a experimentar vivencias reparadoras.